El marisqueo submarino es un arte que combina habilidad, paciencia y un profundo conocimiento del ecosistema marino. Jorge Santos, un experimentado mariscador de navajas, ha dedicado más de 30 años a esta labor, que comenzó en su infancia, cuando se aventuraba a bucear en la playa de su infancia. Su historia es un testimonio de la tradición y la evolución de un oficio que ha sabido adaptarse a las regulaciones y a las exigencias del mercado.
La captura de navajas, un bivalvo que se encuentra en los fondos arenosos de la ría, requiere de una técnica especial que se adquiere con el tiempo. Santos recuerda cómo, al principio, la extracción se realizaba en apnea, es decir, sin ningún tipo de suministro de aire. Esta práctica, aunque emocionante, presentaba riesgos significativos para la salud de los buceadores. Sin embargo, en 2008, la administración autonómica permitió el uso de equipos de aire, lo que ha mejorado considerablemente la seguridad de los mariscadores.
### La Vida Bajo el Agua
El trabajo de Santos y sus compañeros se desarrolla en el Parque Nacional das Illas Atlánticas, un área protegida donde la calidad del agua y la abundancia de nutrientes crean un entorno ideal para la vida marina. A diferencia de otros mariscadores que pueden pasar largas horas en el mar, Santos realiza su trabajo de manera más eficiente. Después de un breve trayecto en barco, se sumerge en el agua por un máximo de dos horas, buscando los orificios donde se esconden las navajas.
«Es como recoger espárragos en el fondo del mar», dice Santos, enfatizando la delicadeza y precisión que requiere esta actividad. Todo se hace a mano, sin herramientas, lo que añade un nivel de dificultad y destreza a su labor. La recompensa, sin embargo, es considerable. Este año, la cofradía de pescadores a la que pertenece ha facturado 1,1 millones de euros, y en un buen día, el precio de las navajas puede alcanzar los 28 euros por kilogramo. Esto ha llevado a que muchos de sus productos se vendan en mercados lejanos, como Madrid y Barcelona, donde los precios son más altos que en su región natal.
La regulación de la extracción es fundamental para la sostenibilidad del recurso. Cada mariscador tiene un límite de 20 kilogramos por jornada, que se amplía a 25 durante la temporada navideña. Esta medida busca proteger el ecosistema y asegurar que la actividad se mantenga a largo plazo. Santos explica que la navaja no necesita siembra y su población se mantiene estable durante todo el año, lo que facilita la planificación de la extracción.
### Desafíos y Seguridad en el Mar
A pesar de las mejoras en la seguridad, el marisqueo submarino sigue siendo una actividad peligrosa. Santos menciona que la gestión del aire y el tiempo de inmersión son cruciales para evitar problemas de descompresión. Además, factores externos como el estado del mar y las condiciones meteorológicas pueden complicar la labor. Sin embargo, Santos se siente seguro en su entorno y asegura que la comodidad y la confianza son esenciales para quienes se dedican a este oficio.
La obtención de una licencia para mariscar es otro aspecto importante de esta actividad. Actualmente, las licencias se compran y venden, y su precio puede alcanzar los 150.000 euros. Esto limita el acceso a la profesión, pero también asegura que quienes se dedican a ella tienen un compromiso serio con la sostenibilidad y la calidad del producto.
La vida de un mariscador de navajas es un reflejo de la conexión entre el ser humano y el mar. Santos, después de tres décadas en este oficio, continúa disfrutando de su trabajo y de la satisfacción que le brinda. La pasión por el mar y la tradición de su familia lo han llevado a convertirse en un experto en su campo, y su historia es un recordatorio de la importancia de preservar tanto las técnicas tradicionales como el medio ambiente que las sustenta.
