El ahorro de los hogares y empresas en Galicia ha alcanzado cifras récord, pero con una particularidad que llama la atención: gran parte de este dinero permanece inactivo en cuentas corrientes. Según los datos más recientes del Banco de España, el volumen total de depósitos privados en la comunidad gallega llegó a 81.563 millones de euros a finales de septiembre de 2025, lo que representa un aumento interanual de 4.083 millones, superando el 5% de crecimiento. Este incremento se ha visto impulsado principalmente por el dinero a la vista, que ha alcanzado un máximo histórico de 68.149 millones, con un crecimiento de 4.605 millones en solo un año, lo que equivale a un 7,2% más. Sin embargo, los depósitos a plazo han experimentado una tendencia opuesta, cayendo a 13.155 millones, lo que indica que los gallegos prefieren mantener su dinero en cuentas corrientes en lugar de invertirlo en productos de ahorro a plazo.
La situación actual del ahorro en Galicia refleja un comportamiento específico de los ahorradores, quienes, aunque están acumulando más dinero, optan por dejarlo en cuentas que ofrecen una liquidez inmediata. Esta decisión se debe a varios factores que van más allá de una simple preferencia por la accesibilidad. En primer lugar, la política comercial de las entidades financieras ha llevado a una remuneración muy limitada de los depósitos a plazo. Muchos bancos han priorizado la protección de sus márgenes en lugar de competir por captar ahorro, lo que ha reducido el atractivo de inmovilizar el dinero durante meses a cambio de una rentabilidad que muchos consideran insuficiente. En la actualidad, son pocos los depósitos a plazo que ofrecen una rentabilidad superior al 2% anual.
Además, la comodidad que ofrecen las cuentas corrientes es un factor determinante. Estas permiten a los ahorradores acceder a su dinero en cualquier momento, sin penalizaciones ni trámites complicados, lo que resulta especialmente valioso en un contexto de incertidumbre económica y aumento del costo de la vida. Para muchos hogares y empresas, mantener liquidez inmediata actúa como un colchón ante imprevistos, aunque esto implique renunciar a una mayor rentabilidad. También existe una cierta desconfianza hacia los productos de ahorro a plazo, ya que tras años de tipos de interés en mínimos, los ahorradores se han acostumbrado a no esperar rentabilidad y a buscar alternativas más líquidas.
Por otro lado, el comportamiento del crédito en Galicia presenta una paradoja interesante. A pesar de que el ahorro se acumula en cuentas corrientes, el crédito a hogares y empresas ha repuntado, alcanzando niveles máximos en los últimos años. A finales de septiembre de 2025, el saldo de préstamos al sector privado se situó en 42.415 millones, la cifra más alta desde junio de 2022. En comparación con el año anterior, el crédito ha aumentado en 1.356 millones, lo que indica que, a pesar de la acumulación de ahorro, la financiación bancaria sigue desempeñando un papel crucial en la economía gallega. Asimismo, el crédito a las administraciones públicas también ha crecido, aunque en menor medida, pasando de 6.578 a 6.823 millones.
Este fenómeno de ahorro estancado en cuentas corrientes y un aumento en el endeudamiento refleja una dualidad en el comportamiento financiero de los gallegos. Por un lado, hay un aumento en el ahorro, pero este se encuentra inmovilizado, mientras que, por otro lado, el nivel de endeudamiento se mantiene elevado. Esta situación plantea interrogantes sobre la salud financiera de los hogares y empresas gallegas y sobre cómo se adaptarán a las condiciones cambiantes del mercado.
En resumen, el ahorro en Galicia ha alcanzado cifras históricas, pero la mayoría de este dinero permanece inactivo en cuentas corrientes. Las razones detrás de esta tendencia son múltiples, incluyendo la falta de rentabilidad en los depósitos a plazo y la preferencia por la liquidez. A medida que la economía continúa evolucionando, será interesante observar cómo los gallegos ajustan sus estrategias de ahorro y gasto en respuesta a las condiciones del mercado y a sus propias necesidades financieras.
