La AP-9, que se extiende a lo largo de 214,7 kilómetros desde Ferrol hasta la frontera con Portugal, no solo es un eje de transporte crucial, sino también un símbolo de las disparidades económicas que existen en Galicia. Esta autopista actúa como una frontera artificial que divide la comunidad en dos realidades distintas: la fachada atlántica y el interior, cada una con sus propios climas, geografías y ritmos de crecimiento económico. En el plan estratégico de la Xunta para 2030, se reconoce que estas diferencias son una de las principales debilidades para lograr una cohesión territorial efectiva.
La dispersión poblacional y la baja densidad en áreas rurales contribuyen a un envejecimiento acelerado y a menores ingresos per cápita. La administración gallega ha identificado una tendencia preocupante: la percepción de que la riqueza está ligada al desarrollo metropolitano, lo que ha llevado a muchos a abandonar las zonas rurales en busca de oportunidades económicas. A pesar de esto, las provincias de A Coruña y Pontevedra han visto un aumento en su contribución al Producto Interior Bruto (PIB) regional, que ha crecido del 76,7% en 2010 al 78,1% en 2023, alcanzando un total de 60.175 millones de euros.
En 2023, el PIB de A Coruña superó los 35.000 millones de euros, mientras que Pontevedra alcanzó los 25.100 millones. En contraste, Lugo y Ourense se quedaron atrás, con 8.900 millones y 7.900 millones, respectivamente. Este crecimiento desigual plantea la pregunta de por qué es crucial entender la distribución de la riqueza en Galicia. El PIB es un indicador macroeconómico que refleja la actividad productiva en un espacio determinado y permite observar la especialización de cada región en diferentes sectores económicos.
La concentración de la riqueza en Galicia es alarmante. Solo una veintena de municipios generan el 60% de la actividad económica de la comunidad. Vigo y A Coruña son los líderes en este aspecto, con PIBs de 9.760 millones y 9.451 millones de euros, respectivamente. Santiago de Compostela, con un PIB de 4.840 millones, y Arteixo, con 3.129 millones, también destacan, aunque a una distancia considerable de las dos principales ciudades. Esta concentración de riqueza no solo refleja el crecimiento económico, sino también la desigualdad que se ha ido gestando en la región.
La evolución del PIB municipal en los últimos diez años ha estado marcada por eventos significativos, como la crisis de la burbuja inmobiliaria y la pandemia de COVID-19. Estos factores han provocado cambios en el ranking de los municipios con mayor PIB, con As Pontes de García Rodríguez y Cervo perdiendo posiciones debido a la transición energética y la paralización de plantas industriales. En el extremo opuesto, Negueira de Muñiz se encuentra con el PIB más bajo de Galicia, apenas alcanzando los 5,3 millones de euros.
El sector servicios es el que más contribuye al PIB en la mayoría de los municipios gallegos, aunque con variaciones significativas. Santiago, como centro administrativo, tiene un 82% de su PIB proveniente de este sector, mientras que en Vigo, la industria representa el 18,5%, la mayor proporción entre las grandes ciudades. O Porriño destaca por su actividad manufacturera, que representa el 50,1% de su PIB, mientras que la construcción es predominante en municipios como Oleiros y Sanxenxo.
La especialización productiva de cada territorio también influye en la riqueza per cápita. Carballeda de Valdeorras se sitúa a la cabeza con 174.564 euros por habitante, gracias a su industria de la pizarra. Muras, con 127.288 euros, se beneficia de su infraestructura eólica, y San Cibrao das Viñas, donde se encuentran importantes empresas, tiene un PIB per cápita de alrededor de 97.000 euros. En contraste, muchos municipios rurales luchan por alcanzar cifras significativas, lo que resalta la necesidad de políticas que fomenten el desarrollo equilibrado en toda la comunidad.
En cuanto a los ingresos de los hogares, el promedio mensual neto en Galicia alcanzó los 2.830 euros en 2024, un incremento del 4,9% respecto al año anterior. Santiago y Vigo son los municipios con mayores ingresos, con 3.267 y 3.153 euros, respectivamente. Sin embargo, la realidad es que seis de cada diez hogares logran llegar a fin de mes sin problemas, mientras que un 34,6% enfrenta dificultades y un 5,7% se encuentra en una situación crítica. Esta disparidad en los ingresos refleja las desigualdades económicas que persisten en Galicia, donde el crecimiento no se distribuye equitativamente entre sus habitantes.
