La tragedia ocurrida en el bar ‘Le Constellation’ de Crans-Montana, Suiza, ha dejado una profunda huella en la comunidad y ha suscitado una serie de interrogantes sobre la seguridad y la regulación de los locales públicos. En la noche de Año Nuevo, un incendio devastador se desató en el establecimiento, resultando en la muerte de 40 personas y dejando a 118 heridos. Este incidente ha puesto de manifiesto la falta de inspecciones y el incumplimiento de las normativas vigentes que deberían haber garantizado la seguridad de los asistentes.
**Falta de Inspecciones y Reformas No Autorizadas**
Durante los últimos cinco años, el bar ‘Le Constellation’ no había sido sometido a inspecciones, a pesar de que la legislación suiza exige revisiones anuales para todos los locales públicos. Las autoridades locales han admitido que hubo una laguna en los controles entre 2020 y 2025, lo que ha generado una gran preocupación sobre cómo pudo ocurrir una tragedia de tal magnitud sin que se detectaran las irregularidades.
El alcalde de Crans-Montana, Nicolaus Féraud, expresó su conmoción y su incapacidad para explicar el incumplimiento de las normativas. En la conferencia de prensa, Féraud afirmó: «El peso de la tragedia me acompañará toda la vida». La falta de inspecciones no solo es alarmante, sino que también plantea serias preguntas sobre la responsabilidad de las autoridades locales en la supervisión de la seguridad pública.
Además, se ha revelado que los propietarios del bar no notificaron las reformas realizadas en el sótano, el lugar donde comenzó el incendio. Aunque la normativa no exige autorización para reformas que no afecten la estructura del local, la falta de comunicación sobre estos cambios ha sido un punto crítico en la investigación. Se ha indicado que la espuma insonorizante utilizada en el techo del sótano pudo haber contribuido a la rápida propagación del fuego, lo que convirtió el local en una trampa mortal para los asistentes.
**El Aforo y la Fiesta de Fin de Año**
El bar ‘Le Constellation’ tenía una capacidad oficial de 200 personas, distribuidas entre el sótano y una terraza cubierta. Sin embargo, se ha informado que en la noche del incendio, el local podría haber superado este aforo, con estimaciones iniciales que hablaban de hasta 300 personas dentro y 40 más en el exterior. Testigos han confirmado que había una larga cola de jóvenes esperando para entrar, lo que sugiere que el local estaba sobrecargado en un momento crítico.
La fiesta de Fin de Año estaba dirigida a un público joven, con un rango de edad entre 16 y 20 años. Entre las víctimas, se encontraban ocho adolescentes, incluidos dos chicos de 14 años y seis de 15. Esta tragedia ha impactado no solo a las familias de las víctimas, sino a toda la comunidad, que se enfrenta a la dura realidad de la pérdida de vidas jóvenes en un evento que debería haber sido una celebración.
La investigación ha revelado que el incendio fue provocado por bengalas encendidas que se colocaron en botellas de champán. Las imágenes y videos que han circulado en las redes sociales muestran cómo las llamas se propagaron rápidamente por el techo, lo que ha llevado a cuestionar la preparación del personal del local para manejar situaciones de emergencia. Un camarero, en un video previo al incendio, advirtió sobre el peligro que representaba la espuma del techo, lo que sugiere que había una conciencia sobre los riesgos asociados con el material utilizado.
**Investigaciones Penales y Responsabilidad**
Como resultado de la tragedia, se han abierto investigaciones penales contra los propietarios del bar, Jacques y Jessica Moretti, quienes han sido acusados de homicidio por negligencia, entre otros cargos. La pareja ha expresado su devastación por lo ocurrido, pero también ha defendido que cumplieron con las normativas vigentes. Sin embargo, la falta de inspecciones y la ausencia de autorización para las reformas realizadas en el local han complicado su defensa.
El municipio de Crans-Montana se ha constituido como parte civil en la investigación, lo que indica que las autoridades locales también están buscando respuestas sobre su papel en la supervisión del establecimiento. La complejidad del caso se ve aumentada por las posibles lagunas administrativas y la falta de claridad en la normativa que rige la seguridad de los locales públicos.
Desde que los Moretti asumieron la gestión del bar en 2015, han enfrentado varios desafíos, incluida la transición del local a la jurisdicción del municipio de Crans-Montana tras la fusión de tres comunidades. La última inspección a la que fue sometido el bar tuvo lugar en 2019, lo que ha llevado a cuestionar la eficacia del sistema de inspecciones y la responsabilidad de las autoridades en garantizar la seguridad de los ciudadanos.
La tragedia en ‘Le Constellation’ ha puesto de relieve la necesidad urgente de revisar y reforzar las normativas de seguridad en los locales públicos, así como la importancia de realizar inspecciones regulares para prevenir futuros incidentes. La comunidad de Crans-Montana, al igual que muchas otras, debe reflexionar sobre cómo mejorar la seguridad y proteger a sus ciudadanos, especialmente a los más jóvenes, en eventos que deberían ser momentos de alegría y celebración.
