Panadería Rozas lleva 70 años alimentando a Galicia y más allá con empanadas artesanales de horno de leña. Desde 1956, su receta familiar ha resistido cambios logísticos, tecnológicos y de consumo. Hoy reparten a Barcelona y Jerez de la Frontera, pero su esencia sigue intacta: amasado tradicional, cocción en horno de leña y rellenos autóctonos como bonito, zamburiñas y bacalao con pasas.
¿Cómo nació una de las panaderías más emblemáticas de A Coruña?
José Rozamontes empezó a vender pan en 1956, a los 16 años, con un carro y una burra. Recorría las calles de A Coruña de noche, temeroso de los carabineros, para entregar su producción en la Plaza de Lugo. Su formación fue ruda: aprendió con un tío en Santa Cruz y desarrolló una disciplina férrea. «Había que hacer las cosas y había que hacerlas bien», recuerda su hija Mari de Rozas.
El valor del oficio en tiempos de escasez
En los años 50 y 60, la panadería no era solo un negocio: era un pilar comunitario. Cada barra, cada roscón y cada empanada respondía a necesidades reales de nutrición y resistencia cultural. José Rozamontes no solo dominaba la masa: dominaba el ritmo del horno, el tiempo de reposo y la paciencia del fuego.
¿Qué hace únicas a las empanadas de Rozas?
La tercera generación, liderada por María Domato, mantiene la receta original de 1960. Nada de congelados ni mezclas industriales. Todo es a mano, con harina gallega, mantequilla local y rellenos frescos. El hojaldre dorado no es casual: depende de un equilibrio preciso entre temperatura, humedad y tiempo de cocción.
El secreto está en los tiempos, no en los ingredientes
Domato insiste: «El secreto no está en qué ponemos, sino en cuándo lo ponemos y cuánto lo dejamos reposar«. El amasado dura horas. La fermentación, 24 horas. La cocción, 22 minutos exactos a 240 °C. Cualquier desviación afecta la textura y el sabor.
¿Cuál es el impacto económico actual de Rozas en Galicia?
La panadería genera empleo directo para más de 35 personas en Arteixo. Su cadena de suministro impulsa a productores locales de bonito del norte, mariscadores de zamburiñas en la ría de Arousa y almacenes de bacalao en Vigo. Según datos del Instituto Galego de Estatística (2025), empresas artesanales como Rozas aportan el 12 % del valor añadido bruto del sector agroalimentario gallego.
Exportación sin perder la identidad
Aunque reparten a 12 comunidades autónomas, Rozas rechaza la producción en masa. Su modelo de distribución se basa en logística refrigerada diaria, no en almacenamiento. Esto mantiene la frescura, pero eleva los costos un 18 % frente a competidores industriales.
¿Qué marco legal protege su modelo artesanal?
Rozas está inscrita en el Registro de Artesanos de Galicia, lo que les otorga acceso a subvenciones del Plan Estratégico de la Artesanía (2023–2027). Además, sus empanadas cumplen con la Indicación Geográfica Protegida (IGP) ‘Empanadas de Galicia’, norma que exige elaboración manual, ingredientes locales y cocción en horno tradicional.
La lucha contra la imitación
En 2024, Rozas participó en una denuncia colectiva ante la Xunta contra 7 marcas que usaban el término «empanada gallega» sin cumplir los requisitos legales. El Tribunal Superior de Justicia de Galicia sentó jurisprudencia: el uso del término implica obligación de trazabilidad total y certificación de origen.
Datos Clave
- Fundada en 1956 por José Rozamontes en A Coruña.
- 70 años de actividad ininterrumpida bajo gestión familiar.
- 12 variedades de empanadas, lideradas por bonito, zamburiñas y bacalao con pasas.
- Distribución a más de 200 puntos de venta en 12 comunidades autónomas.
- Certificada bajo la IGP ‘Empanadas de Galicia’ desde 2021.
- Miembro activo del Consejo Asesor de la Artesanía Galega.
El legado de Rozas no es solo gastronómico. Es un caso de resiliencia empresarial, transferencia intergeneracional efectiva y compromiso con el territorio. En un mercado dominado por la velocidad, su valor radica en la lentitud bien hecha: amasar, esperar, encender, hornear, entregar. Sin atajos. Sin excepciones.
