La situación en Gaza ha escalado dramáticamente con la reciente declaración de Israel de la ciudad de Gaza como zona de combate. Esta decisión marca un cambio significativo en la dinámica del conflicto, ya que se ha puesto fin a la pausa que permitía la entrada de ayuda humanitaria en la región. La ofensiva militar israelí se ha intensificado, y las Fuerzas de Defensa de Israel han comenzado operaciones preliminares en áreas clave de la ciudad, como los barrios de Al Zaytoun y Al Sabra. La población civil, que se estima en un millón de personas, enfrenta una situación crítica, ya que muchos aún no han evacuado y se prevé que los combates sean especialmente duros.
La complejidad de la situación se ve agravada por la existencia de túneles de Hamas, que el ejército israelí considera más intrincados de lo que se había estimado previamente. Además, la Brigada Al Zaytoun, uno de los principales batallones de Hamas, ha demostrado ser un adversario formidable en enfrentamientos anteriores. En medio de esta escalada, se han encontrado los restos de dos rehenes, lo que ha intensificado la presión sobre el gobierno israelí para actuar. El primer ministro Benjamin Netanyahu ha declarado que no descansarán hasta que todos los secuestrados sean devueltos a casa, vivos o muertos.
La comunidad internacional observa con preocupación el desarrollo de estos acontecimientos. La Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU ha instado a los países miembros a reconocer que las acciones de Israel en Gaza no constituyen una guerra, sino un genocidio. Esta declaración ha llevado a Turquía a cerrar su espacio aéreo y marítimo a Israel, en un gesto de solidaridad con el pueblo palestino. Sin embargo, la respuesta de Estados Unidos ha sido la negación de visados a miembros de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) para asistir a la cumbre de la ONU en Nueva York, lo que podría obstaculizar los esfuerzos de reconocimiento del Estado palestino.
La postura de EE.UU. se basa en la afirmación de que la ANP no ha cumplido con su rol pacífico según los Acuerdos de Oslo. Esta medida se interpreta como un castigo a las intenciones de la ANP de buscar el reconocimiento internacional, en un contexto donde Israel continúa expandiendo sus asentamientos en Cisjordania. La situación se complica aún más con la reciente victoria diplomática de Israel en la ONU, donde se ha decidido poner fin a la misión de paz de los cascos azules en el sur del Líbano, lo que podría tener repercusiones en la estabilidad de la región.
La retirada gradual de la misión de la ONU, que comenzará en 2026, ha sido justificada por Israel y EE.UU. bajo el argumento de que la presencia de Unifil no ha logrado desarmar a Hezbollah, que sigue acumulando un arsenal considerable. Esta decisión ha generado críticas, ya que muchos miembros del Consejo de Seguridad consideran que se ignoran las voces de la mayoría que abogan por mantener la misión de paz. La situación en el Líbano también es tensa, con el ejército libanés preparando un plan para desarmar a Hezbollah, aunque la milicia chiita ha mostrado resistencia ante estas medidas.
En este contexto de creciente tensión, la comunidad internacional se enfrenta a un dilema. Por un lado, hay un llamado a la acción para detener lo que muchos consideran un genocidio en Gaza, mientras que por otro, las dinámicas políticas y diplomáticas complican la posibilidad de una intervención efectiva. La falta de consenso en el Consejo de Seguridad de la ONU y las decisiones unilaterales de países como EE.UU. y Turquía reflejan la complejidad del conflicto y la dificultad para encontrar una solución duradera.
La situación en Gaza y el Líbano es un recordatorio de que los conflictos en la región están interconectados y que las decisiones tomadas en un contexto pueden tener repercusiones en otros. A medida que la violencia se intensifica y las tensiones aumentan, el futuro de la paz en la región parece más incierto que nunca. La comunidad internacional debe actuar con urgencia para abordar las causas subyacentes del conflicto y buscar una solución que garantice la seguridad y los derechos de todos los involucrados.