El Parque Nacional de Doñana, uno de los humedales más importantes de Europa, ha experimentado un año hidrometeorológico excepcional en 2024-2025. Las precipitaciones han superado la media histórica, lo que ha llevado a un aumento notable en los días de inundación de la marisma. Sin embargo, este respiro temporal no oculta una realidad alarmante: el ecosistema acuático de Doñana enfrenta un colapso inminente debido a la disminución de las poblaciones de peces autóctonos y la proliferación de especies invasoras.
La Memoria 2025, elaborada por la Estación Biológica de Doñana, revela que, a pesar de un ciclo hidrológico favorable, la recuperación de la biodiversidad acuática es frágil y reversible. En el último año, se registraron precipitaciones acumuladas de 675,95 mm, un 28,7% más que el promedio de los últimos 30 años. Este incremento, especialmente concentrado en marzo, permitió que el hidroperiodo promedio de la marisma alcanzara los 157 días, casi el doble del promedio histórico de 79 días. La emblemática laguna de Santa Olalla, por primera vez en años, no se secó durante el verano, rompiendo así la tendencia de sequías prolongadas.
A pesar de estas condiciones favorables, la situación de la ictiofauna es desoladora. El informe destaca que Doñana se está convirtiendo en un ambiente cada vez más inhóspito para los peces. La escasez de agua, provocada por la sobreexplotación del acuífero y las sequías prolongadas, ha llevado a una disminución drástica en la presencia de especies nativas. En las últimas dos décadas, la comunidad científica ha observado que casi todos los cuerpos de agua que albergaban peces han sido invadidos por especies no nativas. En 2025, solo se detectaron tres especies autóctonas en la marisma: la anguila, la lisa y la lubina, además de una especie en las lagunas sobre arenas.
La anguila europea, en peligro crítico de extinción, ha visto su población colapsar desde 1980, y su presencia en Doñana se ha vuelto cada vez más rara. Por otro lado, el salinete, un pez endémico ibérico, ha estado al borde de la extinción, con solo dos pequeños núcleos identificados en 2025. La desaparición total de especies emblemáticas como el espinoso en el arroyo de La Rocina es un claro indicador del deterioro del ecosistema.
Mientras tanto, las especies invasoras han proliferado. La gambusia, el cangrejo rojo americano, el pez gato negro y diversas especies de carpines han tomado el control de los ecosistemas acuáticos, desplazando a las especies nativas. El informe advierte que la situación podría empeorar con la llegada de otras especies invasoras, como el siluro, que ya están presentes en el entorno.
A pesar de las lluvias que han inundado la marisma, 2025 también fue un año extremadamente cálido, con una temperatura media anual de 19,12ºC, la segunda más alta desde que se tienen registros. Los últimos cuatro años han sido algunos de los más cálidos en la historia del parque, con 11 días en los que las temperaturas superaron los 40°C. Este contraste entre inundaciones y temperaturas extremas plantea serios desafíos para la fauna y flora del parque.
El informe también destaca que, aunque la marisma recibió una inundación excepcional, solo el 36% de las lagunas peridunares, que dependen de la recarga del acuífero, se inundaron. Este acuífero ha sido severamente afectado por la sobreexplotación y las extracciones constantes, lo que limita la recuperación de estos humedales. La situación es aún más preocupante si se considera que, a pesar de la protección legal del parque, el declive de las especies acuáticas ha continuado, lo que pone en duda la efectividad de las medidas de conservación.
En contraste con la situación de los peces, los anfibios han mostrado una notable recuperación en 2025, con 11 especies presentes en el parque. La mayor disponibilidad de hábitats reproductivos inundados ha permitido que el sapo de espuelas esté presente en todas las localidades muestreadas. Sin embargo, el informe advierte sobre la alta variabilidad interanual de este grupo y la necesidad de revisar los protocolos de seguimiento para obtener una evaluación más precisa.
La Memoria 2025 también pone de relieve la expansión de especies invasoras en el medio terrestre, como la hormiga argentina, que ha comenzado a colonizar los alcornoques de la Pajarera. Además, la vegetación xerofítica está invadiendo hábitats prioritarios, como los estanques temporales mediterráneos, debido a la menor frecuencia de inundación.
El informe concluye con una reflexión amarga sobre la eficacia de las figuras de protección en Doñana. A pesar de ser un área con el máximo grado de protección, el declive de los peces continentales ha continuado, lo que sugiere que las medidas de conservación no han sido suficientes para contrarrestar los efectos de la sobreexplotación, la llegada de especies invasoras y el cambio climático. La situación en Doñana es un claro ejemplo de cómo una combinación de factores externos puede llevar a la pérdida de biodiversidad en un entorno que debería estar protegido.
En resumen, el Parque Nacional de Doñana enfrenta un futuro incierto. A pesar de las lluvias que han traído un alivio temporal, la salud de sus ecosistemas acuáticos sigue en peligro. La comunidad científica y los responsables de la conservación deben actuar con urgencia para abordar estos desafíos y garantizar la supervivencia de las especies autóctonas en este valioso humedal.
