Aunque no sufrió graves daños tras el sismo del 19 de septiembre, este inmueble, ubicado en el centro histórico, es sometido a un proceso de mejoras

Atrio de San Francisco visto de occidente a oriente, 1853

Ciudad de México (N22/Alberto Aranda).- El Templo de San Francisco, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, ocupa lo que fue el Zoológico de Moctezuma.

“A través de documentos y de algunas fuentes documentales es que podemos dar cuenta que este conjunto era inmenso y dicen por ahí que por mucho el más grande de México. Lo que queda, realmente, es la iglesia y algunas dependencias porque esta es una fundación del siglo XVI. Se hizo todavía mientras Hernán Cortés estaba aquí cuando Carlos V manda llamar a los primeros doce franciscanos a la Nueva España para que comience la evangelización”, explica Gerardo A. Hernández Septién, subdirector de Restauración de Bienes Históricos y Culturales, DGSMPC-SC.

El interior está decorado con pinturas del siglo XX que hacen alusión a la vida de San Francisco, el retablo principal fue desmontado y vendido como leña durante el siglo XIX. Así también, el terreno que ocupaba el convento fue vendido por partes, todo esto por las leyes de reforma. Actualmente lo que vemos es una copia del original que fue mandado a hacer en el siglo XX cuando los franciscanos volvieron a ocupar el inmueble. Los sismos de septiembre del 2017 no afectaron la estructura del edificio pero sí se requirió hacer una intervención.

“Los daños del templo de San Francisco se dieron sobre todo en lo que corresponde al muro de la fachada principal, por dentro. Hay algunas afectaciones sobre todo de grietas que se acusan en la parte de la fachada y que dañaron también por dentro parte de la mampostería y los aplanados. Razón por la cual fue necesario retirar parte de estos aplanados. Estaban colgados lienzos del siglo XVIII de gran formato, bellísimos, novohispanos y algunos muebles que fueron retirados para que pudiera quitarse el aplanado, se restituye como decía, siguiendo todos los lineamientos técnicos adecuados”.

Bajo la supervisión de la Secretaría de Cultura y el INAH, la Fundación Slim intervino el recinto.  “Intervenimos la zona del coro y sotocoro, algunas fisuras que se presentaron en el muro de la contrafachada y se intervinieron algunos retiros de aplanados que estaban en mal estado, en el resane e inyección de algunas fisuras, no grietas”, precisó Jorge Tonatiuh Chimal, técnico y supervisor de obras de la DGSMPC-SC

Este es “el inicio de un proceso que va a continuar de restauración y que de hecho intenta que a través de los distintos fondos  que se vayan reuniendo se logre después una restauración integral del edificio”, finalizó Septíen.