Tras seis ediciones, esta plataforma ha madurado como espacio de visibilización de artistas emergentes nacionales o que produzcan su obra dentro del país: han propuesto “un nuevo esquema de exhibición, distribución y comercialización del arte”

Todas las imágenes: © Ireli Vázquez

Ciudad de México (N22/Ana León).- En las paredes, en los pisos o colgando de los techos del inmueble ubicado en General Prim 30, un edificio de finales del siglo XIX, rescatado y resignificado por Proyecto Público Prim, se exhibe la obra de cincuenta artistas que integran la Convocatoria Abierta de la sexta edición de Salón Acme, un salón de arte fundado en 2013 por Álvaro Ugarte, Zazil Barba, Sebastián Vizcaíno, Homero Fernández y Alejandro Champion.

En esta sección, una de las varias que da forma a este “esquema de exhibición, distribución y comercialización del arte”, se recibieron y revisaron 600 propuestas provenientes de todo el país. “Cada miembro del consejo curatorial y del comité fundador votó por tres portafolios”, dice Óscar Benassini, crítico de arte, escritor y editor, que ha formado parte del consejo curatorial de Salón Acme desde su inicio, aunque el resto de sus miembros se renueva cada año. Además de Benassini, en esta edición, el consejo estuvo integrado por Eugenia Braniff (FEMSA), Olga Margarita dávila (curadora y promotora), Paula Duarte (subdirectora del MACG), Geovanna Ibarra (curadora Ladera Oeste), Viviana Kuri (directora MAZ), Mauricio Marcin (investigación, Museo del Eco), Santiago Merino (artista), Cristóbal Riestra (galerista, OMR), Patsy Sloane (curadora) y Anissa Touati (curadora).

A la muestra principal, que se aglutina en la Convocatoria Abierta, se integran la del Estado Invitado, que este año es Baja California y cuya curaduría estuvo a cargo de Periférica (María José Crespo, Daril Fortis, Eduardo Lozano Murillo, Paulina Méndez Garcilazo); y la de Bodega Acme, espacio que apela a la nostalgia y a la esencia de los antiguos salones de arte del siglo XIX: de piso a techo se exhiben muchas de las obras que han formado parte de las ediciones anteriores de Acme.

A seis años de distancia, Salón ha ido madurando y variando su propuesta sin perder su vocación inicial; sin embargo, hay también un espacio dedicado a Proyectos invitados, donde participan algunas de las galerías más importantes del país; cada año la Sección curada alberga exposiciones internacionales de arte emergente, es de José Esparza Chong Cuy la curaduría de Vida doméstica. Por si algún cabo quedaba suelto, se dedica un área a editoriales (venta y trueque) relacionadas con el arte, a un Programa de performance y a Mesas de debate. La base de esta propuesta se ha mantenido en visibilizar el trabajo de artistas emergentes nacionales. Sobre éste y otros procesos que han consolidado Acme y  sobre el estado del arte en el país, nos habló Óscar Benassini.

¿Cuántas propuestas selecciona cada miembro del consejo curatorial y cuántas de estas quedan al final?

De las 600 propuestas que recibió Acme este año, cada miembro del consejo y del comité fundador votó por tres portafolios. Al final, en esta edición, quedaron cincuenta.

¿Qué hay en esas obras que te hacen seleccionarlas, qué ves en ellas o buscas?

Es una apuesta arbitraria, basada en el gusto y la visión de cada uno de los involucrados con el Salón. No hay criterios colectivos ni consensos. No hay que olvidar que Acme no es una feria, sino un salón: los argumentos financieros de las galerías no forman parte de la curaduría. La apuesta no es de mercado, sino de carrera. En Salón Acme son los propios artistas quienes ponen precio a sus trabajos.  

Has formado parte del consejo curatorial desde la primera edición de Salón Acme, ¿detectas algún tema recurrente en las obras de los artistas que participan?

En realidad no. Siempre hay afinidades conceptuales y tendencias formales, pero no creo haber detectado una moda como tal. Llegaron obras puramente abstractas y otras meramente realistas, de todas partes del país.

Se habla mucho de que el arte goza de “buena salud”, pero ¿qué significa esto? ¿Espacios de exhibición? ¿”Buenas obras”? ¿Que los artistas pueden vivir de su trabajo? ¿Muchos estímulos?

Yo creo que todas las anteriores y más. Sobre todo: existe un ecosistema distinto al de hace una década, más excéntrico: abundan los espacios independientes, en el centro, pero también en otras geografías del país: como Baja California, Guadalajara, Sinaloa, Oaxaca, Monterrey o Juárez; estos espacios están en comunicación y en diálogo, no en competencia. La mentada “buena salud”, entre otras cosas, aparte del fortalecimiento del mercado, la libido financiera y la industria cultural, tan polémicas, radica en la aparición de nuevos paradigmas en la integración del arte a la sociedad o comunidades, me refiero a modelos como Biquini Wax (CDMX) o Lugar Común (Monterrey), Periférica (Tijuana), espacios que provocan la discusión y la socialización, desentendidos del consumo. No sé si los artistas puedan vivir de su trabajo, pero tampoco sé quién hoy puede vivir de su trabajo, excepto los políticos y los empresarios.

Aquí es importantísimo señalar que al contrario de la proliferación de los espacios para la socialización, el consumo o el estudio, las publicaciones impresas o digitales (revistas, periódicos y libros) con vocación crítica están casi extintas.

Salón Acme abre sus puertas, principalmente, a artistas emergentes, ¿a qué responde la etiqueta “artista emergente”?

Las definiciones pueden variar, porque no es un tipo de artista o género. Yo considero que un artista emergente es aquél que apenas reúne un puñado de exposiciones individuales, que ha mi juicio ha demostrado una congruencia en su discurso, que todavía puede estar representado o no por una galería, y que, por más que pedante que suene, comienza su internacionalización.