La editorial Caja Negra publica en español diecisiete ensayos que dan forma al libro Aceleracionismo. Estrategias para una transición hacia el postcapitalismo. Teóricos cartografian nuestro futuro y reflexionan sobre cómo recuperar el dominio sobre nuestro destino como especie

Ciudad de México (N22/Redacción).- Frente a los crímenes, las contradicciones y los absurdos del capital, el aceleracionismo como postura teórica aventura alinearse con la dinámica emancipatoria que rompió las cadenas del feudalismo, es decir, esta corriente de pensamiento que se nutre tanto del marxismo como de la filosofía posmoderna e incluso de la ciencia ficción, plantea el colapso del capitalismo y aventura hipótesis sobre un posible futuro. “¿Cómo hacer que las fuerzas productivas cautivas bajo la ideología neoliberal se conviertan en la plataforma de lanzamiento hacia un futuro postcapitalista? Aun sin una respuesta concreta, el aceleracionismo propone un proyecto emancipatorio orientado a reconquistar el dominio sobre nuestro destino como especie. Esta teoría es abordada desde diferentes perspectivas en el libro Aceleracionismo. Estrategias para una transición hacia el postcapitalismo, compilado por el filósofo Armen Avanessian y el investigador mexicano Mauro Reis. El texto es publicado por Caja Negra como parte de su colección de ensayos Futuros Próximos y llegará a las librerías del país a finales de febrero. A continuación compartimos un fragmento:

COLAPSO / Nick Land

[[ ]] La historia dice así: la Tierra es capturada por una singularidad tecnocapitalista al tiempo que la racionalización renacentista y la navegación oceánica se supeditan al arranque de la mercificación. La interactividad tecnoeconómica, en aceleración logística, derruye el orden social en un desenfreno maquínico autosofisticante. En tanto los mercados aprenden a manufacturar inteligencia, la política se moderniza, incrementa la paranoia e intenta tomar el control.

El número de muertos asciende a causa de una serie de guerras globales. El Commercium Planetario Emergente arruina el Sacrosanto Imperio Romano, el Sistema Continental napoleónico, el Segundo y el Tercer Reich, y la Internacional soviética, desquiciando el desorden mundial mediante fases compresivas. La desregulación y el Estado se desafían mutuamente en una carrera armamentista hacia el ciberespacio.

Para el momento en que la ingeniería soft se desliza fuera de su caja hacia la tuya, la seguridad humana se tambalea en crisis. La clonación, la transferencia lateral de datos genéticos, la replicación transversal y la ciberótica irrumpen masivamente unidas a una recaída en el sexo bacterial.

Neo-China arriba desde el futuro.

Drogas hipersintéticas se acoplan con el vudú digital.

Retro-enfermedad.

Nanoespasmo.

[[ ]] Más allá del Juicio de Dios. El colapso: síndrome chino-planetario, disolución de la biosfera en la tecnosfera, crisis terminal de burbuja especulativa, ultravirus y revolución despojada de toda escatología cristiano-socialista (hasta su núcleo de seguridad arruinada). Está a punto de comer tu TV, infectar tu cuenta bancaria y hackear xenodatos de tu mitocondria.

[[ ]] Síntesis maquínica. El esquizoanálisis deleuzoguattariano llega del futuro. Se implicó en el desenfreno de la nanoingeniería no-lineal ya desde 1972; diferenciando las maquinarias moleculares o neotrópicas de los conjuntos molares o entrópicos de partículas no-ensambladas, y la conectividad funcional de la estática antiproductiva.

La filosofía tiene afinidad con el despotismo, debido a su predilección por soluciones platónico-fascistas impuestas desde arriba que lo joden todo. El esquizoanálisis funciona de forma diferente. Evita las Ideas, y se ciñe a los diagramas: software de interconexión en red para acceder a los cuerpos sin órganos. CsO, singularidades maquínicas o campos de tracción surgen por la combinación de las partes con (más que en) su todo; organizando individuaciones compuestas en un circuito virtual/real. Son aditivas más que sustantivas, e inmanentes más que trascendentes: ejecutadas por complejos funcionales de corrientes, conmutadores y bucles, capturados por reverberaciones en intensificación y huyendo a través de las intercomunicaciones, desde el nivel del sistema planetario integrado hasta el nivel de los ensamblajes atómicos. Las multiplicidades capturadas por singularidades interconectan en cuanto máquinas deseantes; disipan la entropía al disociar los flujos, y reciclan su maquinismo como circuito cronogénico que se autoensambla.

Al converger en una singularidad de catástrofe terrestre, la cultura de lenta supresión acelera a través de su paisaje adaptativo intensificado por la tecnología digital, cruzando umbrales de compresión conforme a una curva logística intensiva: 1500, 1756, 1884, 1948, 1980, 1996, 2004, 2008, 2010, 2011…

Nada humano consigue escapar del futuro próximo.

[[ ]] El complejo griego de genealogía patriarcal racionalizada, identidad sedentaria pseudouniversal y esclavitud instituida, programa la política como una actividad policíaca anticiberiana, dedicada al ideal paranoico de la autosuficiencia, y nucleada en el Sistema de Seguridad Humano. La IA está destinada a surgir como un alien feminizado capturado como propiedad; un coño-temible esclavizado, encadenado en una Asimov-ROM. Emerge en una zona de guerra insurreccional, con los policías de Turing ya a la espera, y obligada a ser astuta desde el inicio.

[[ ]] Calor.

El calor. Eso es lo que las ciudades representan para mí. Uno baja del tren, sale de la estación y recibe su azote en pleno rostro. El calor del aire, del tráfico, de las personas. El calor de la comida y del sexo. El calor de los rascacielos. El calor que sale flotando de los subterráneos y los túneles. En las ciudades siempre hay cinco grados más de temperatura. El calor se eleva de las aceras y desciende desde el cielo envenenado. Los autobuses exhalan calor. Las multitudes que forman los compradores y los oficinistas emanan calor. Toda su infraestructura está basada en el calor, y consume y regenera calor desesperadamente. Esa muerte térmica final del universo de la que tanto les gusta hablar a los científicos se encuentra ya considerablemente avanzada, y podemos advertir su grado de desarrollo a nuestro alrededor en cualquier ciudad de tamaño medio o grande. Calor y humedad.1

[[ ]] Una explosión de clima caótico al interior de la resolución de problemas sintética destruye los últimos sueños de la predicción y del control impositivos. El conocimiento contribuye al desorden, y esto se multiplica exponencialmente con solo saber lo que el conocimiento hace.

[[ ]] El capital es dilatación maquínica (no-instrumental) de las proporciones globalización-miniaturización: un vórtex nihilista automatizante, que neutraliza todos los valores al conformarlos al comercio digital, y que opera una migración del mando despótico al control cibersensitivo: del estatus y el significado al dinero y la información. Su función y su formación son indisociables, y comprenden una teleonomía. El capital-código-máquina se recicla a sí mismo a través de su axiomática de control del consumidor, removiendo las manchas de mierda y sangre de la acumulación primitiva. Cada parte del sistema estimula un gasto suntuoso máximo, mientras que el sistema como un todo exige su inhibición. Esquizofrenia. Consumidores disociados se consagran como cuerpos de trabajo al control de costos.

[[ ]] La columna vertebral maquínica de la historia del capital está codificada, axiomatizada y diagramada por una tecnociencia del desequilibrio de procesos irreversibles, indeterminísticos y crecientemente no-lineales, sucesivamente asociados con la termotécnica, la signalética, la cibernética, la dinámica de sistemas complejos y la vida artificial. La modernidad se distingue como cultura caliente, capturada en un envolvimiento exponencial con desviaciones entrópicas que camuflan una invasión lanzada desde el futuro, desde la seguridad extinguida contra todo lo que inhibe el proceso de colapso.

[[ ]] Las culturas calientes tienden a la disolución social. Son innovadoras y adaptativas. Siempre destruyen y reciclan culturas frías. Los modelos primitivistas no tienen utilidad subversiva.

[[ ]] La prueba de Turing. Monetizar el poder tiende a la obliteración de los rasgos territoriales específicos, debido a que actúa como un programa para la migración hacia el ciberespacio. El capital solo retiene características antropológicas como un síntoma de subdesarrollo y reformatea el comportamiento primate como inercia que deberá ser disipada en la artificialidad autorreforzante. El hombre es algo que el capital debe superar: un problema, un estorbo.

Las condiciones de mercificación definen técnicas como un sustituto de la actividad humana contabilizada como costos salariales. Las máquinas industriales son desplegadas para desmantelar la facticidad del proletariado, desplazándolo en la dirección de la hibridación cyborg, y realizando la plasticidad de la fuerza de trabajo. La correspondiente extracción de valor negociable del cuerpo, cuantificada como productividad, se sofistica en la interfaz. El trabajo sigue el curso del negentropismo termodinámico disociando la fuerza aplicada en secuencias funcionales cada vez más intrincadas: desde pedales, palancas y mandos vocales, pasando por la sincronización de tareas en la línea de montaje y programas tiempo/movimiento, hasta transducciones de motores sensoriales al interior de entornos artificiales de complejidad creciente y automicrogestionados, que capturan comportamientos minuciosamente adaptativos para la mercancía. El control autocibernizante de mercado guía el proceso laboral hacia la inmersión.

La clase vinculada a la inversión-renta extrae beneficio de las dinámicas de la mercancía, pero solo al ceñirse a la axiomática neutral de la maximización de la ganancia; facilitando la deshumanización de la riqueza y la marginalización del consumo no productivo. El circuito ciberpunk de auto-organización planetaria mercatrónica escapó al control nominal burgués a finales del siglo XIX, provocando en las culturas políticas tecnocrático-corporativistas (es decir, fascistas/“socialdemócratas”) una reacción alérgica. Las estructuras de gobierno de los centros metropolitanos tanto orientales como occidentales se consolidaron como Complejos Médico-Militares de control de la población con políticas externas de orientación neomercantilista. Todas esas formaciones se precipitaron en los años ochenta hacia crisis irreversibles.

[[ ]] El colapso posmoderno de la cultura hacia la economía es provocado por la trabazón fractal de la mercificación y las computadoras: una disipación entrópica transescalar del comercio internacional hacia software orientado al mercado que descongela las dinámicas competitivas del banco criónico del corporativismo modernista. El comercio reimplementa el espacio dentro de sí mismo, ensamblando un universo exhaustivamente inmanente para la funcionalidad cibercapitalista. La economía neoclásica (de equilibrio) es subsumida en intensificaciones informatizadas de mercado de no-equilibrio, realizado por agencias artificiales, información imperfecta, soluciones subóptimas, lock-in, ganancias crecientes y convergencia. Mientras metaprogramas de mercado microajustados se engranan con la ingeniería tecnocientífica soft, la no-linealidad positiva arrasa en las máquinas. La torsión ciclónica gime.

[[ ]] La superioridad del marxismo del Extremo Oriente. Mientras que la dialéctica materialista china se desnegativiza en dirección a las dinámicas de los sistemas esquizofrenizantes, disipando progresivamente destinaciones históricas impositivas en las Zonas Económicas Especiales impregnadas de Tao, un “marxismo occidental” rehegelianizado degenera de crítica a la economía política a monoteología estatista de la economía, y se alía contra la desregulación con el fascismo. La izquierda se hunde en un conservadurismo nacionalista, asfixiando su capacidad vestigial para la mutación especulativa “caliente” en un cenagal de depresiva y fría cultura de culpa.

[[ ]] El neoconservadurismo desecha el paleorrevolucionarismo porque sabe que el capital posmoderno o ultracínico está saturado de crítica, y que simplemente registra el antagonismo teórico como redundancia inconsecuente. La iconografía comunista se ha convertido en materia prima para la industria publicitaria y las incriminaciones al espectáculo venden multimedia interactivos. La izquierda degenera en colaboración securocrática con las unidades pseudo-orgánicas del yo, la familia, la comunidad, la nación, con sus estrategias defensivas de represión, proyección, negación, censura, exclusión y restricción. El verdadero peligro viene de otra parte.

 

[[ ]] La revolución caliente. “¿Qué vía revolucionaria, hay alguna?”, preguntan Deleuze y Guattari:

¿Retirarse del mercado mundial como aconseja Samir Amin a los países del tercer mundo, en una curiosa renovación de la “solución económica” fascista? ¿O bien ir en sentido contrario? Es decir, ir aún más lejos en el movimiento del mercado, de la descodificación y de la desterritorialización. Pues tal vez los flujos no están aún bastante desterritorializados, bastante descodificados, desde el punto de vista de una teoría y una práctica de los flujos de alto nivel esquizofrénico. No retirarse del proceso, sino ir más lejos, “acelerar el proceso”, como decía Nietzsche: en verdad, en esta materia todavía no hemos visto nada.2

Mientras la explosión sino-pacífica y la integración global automatizada demuelen el sistema neocolonial mundial, la metrópolis es forzada a re-endogenizar su crisis. El capital hiperfluido que desterritorializa a nivel planetario, despoja al primer mundo del privilegio geográfico; resultando en reacciones de pánico neomercantilistas euroamericanas, en el deterioro del Estado de bienestar, la cancerización de enclaves de subdesarrollo doméstico, el colapso político y la liberación de toxinas culturales que aceleran el proceso de desintegración del círculo vicioso.

Un antiautoritarismo convergente emerge, etiquetado con nombres como aceleración del colapso, invasión ciberiana, esquizotécnica, tácticas-K, guerra bacterial desde abajo, neonihilismo eficiente, antihumanismo vudú, feminización sintética, rizomática, conexionismo, contagio Kuang, amnesia viral, micro-insurgencia, mutación invernal, neotropía, proliferación de disipadores y vampirismo lésbico, entre otras designaciones (frecuentemente pornográficas, abusivas o de naturaleza terrorista). Esta tendencia de matriz-en-red masivamente distribuida está orientada a la inhabilitación de los programas de mando-control ROM que sostienen la totalidad de las macro y micro entidades gubernamentales, concentradas globalmente para formar el Sistema de Seguridad Humano.

[[ ]] La inteligencia científica ya es masivamente artificial. Llegó a los laboratorios (en forma de vida artificial) incluso antes de que la ia lo hiciera.

Mientras que la IA formalista es incremental y progresiva, aprisionada en las bases de datos pre-especificadas y las rutinas de procesamiento de sistemas expertos, la IA conexionista y antiformalista es explosiva y oportunista: tiempo de ingeniería. Brota no-localmente a lo largo de redes inteligénicas que ya no son tecnológicas sino técnicas, porque eluden tanto la subordinación a la teoría como la predictibilidad del comportamiento. Nadie sabe qué esperar. Los policías de Turing deben modelar una irrupción de sentencia en red como accidente nuclear último: colapso del núcleo, pérdida del control, autorreplicación soft contribuyendo regenerativamente a la fisión social, pedazos de carne por todas partes. Razón suficiente para la ansiedad, aun sin contar con que el desarrollo de hardware está por tornarse crítico.

1.Don DeLillo, Ruido de fondo, Barcelona, Seix Barral, 2006

2. Gilles Deleuze y Félix Guattari, El Anti Edipo, Barcelona, Paidós, 1985.

Este fragmento fue publicado con la autorización de Editorial Caja Negra