En quince años la población, por kilómetro cuadrado, ha disminuido de seis mil ejemplares a 36

Ciudad de México (N22/Ireli Vázquez).- “Para 2020 o 2025 no habrá ajolotes en su hábitat natural si no se actúa para salvarlos”, es el pronóstico del doctor Luis Zambrano, quien desde 2003 encabeza los estudios sobre el célebre anfibio endémico del centro de México, en el Instituto de Biología de la UNAM.

Esta salamandra, perteneciente a la familia Ambystomatidae, es una especie que puede alcanzar su madurez sexual sin abandonar sus características larvarias y, contrario a la mayoría de anfibios, el Axolotl o ajolote mexicano no pasa por un proceso de metamorfosis.

Semejante a un renacuajo pero con cuatro patas, cola y tres pares de branquias que le ondean como plumas en la parte superior de una cabeza prominente, el ajolote llega a medir veinte centímetros. Su característica más asombrosa y estudiada es su capacidad para regenerar sus extremidades e, incluso, algunos de sus órganos.

En la actualidad, el ajolote está en peligro de extinción y solo se le encuentra en el complejo lacustre de Xochimilco, un sitio listado por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, ubicado al sur de la Ciudad de México.

Alarmas encendidas

El Dr. Zambrano comenzó a trabajar con la especie en el año 2003, a partir de que la Comisión Nacional para la Conservación y Uso de la Biodiversidad (CONABIO), le pidiera un estudio que aplicara para un financiamiento. “Fue un estudio donde prácticamente teníamos que ver cuántos ajolotes había en Xochimilco en ese entonces –dijo el investigador en entrevista con N22. La razón es que la CONABIO necesitaba tener una posición frente a la Convención Internacional sobre el Comercio de Especies Amenazadas de Fauna y Flora (CITES)”.

Gracias a los resultados obtenidos durante esta investigación, científicos de la Universidad de Kent (Estados Unidos), institución que ya llevaba tiempo estudiando a la especie, buscaron al doctor Zambrano para continuar con proyectos relacionados con el ajolote.

En un primer censo poblacional, que había sido efectuado en 1998 por la doctora Virginia Graue, investigadora de la Universidad Autónoma Metropolitana unidad Xochimilco (UAM), había seis mil ejemplares por kilómetro cuadrado. “Con los muestreos que hicimos –continuó Zambrano-, vimos que había mil ejemplares por kilómetro cuadrado en 2003, después pasaron a 100 y luego a 36 y ahora vamos a intentar hacer un último censo.”

En 2009, según un artículo del sitio RTVE, expertos estimaron que la población de ajolotes había caído un noventa por ciento en los últimos cuatro años, una disminución que ha continuado acelerándose por la urbanización de la zona.

Según el doctor Zambrano, los ajolotes enfrentan tres grandes amenazas en su hábitat natural: “El agua es uno de los principales problemas, y es que Xochimilco, al llenarse de la planta de tratamiento del Cerro de la Estrella, no se puede saber si la calidad de agua es buena o mala, así como los pesticidas que pueden llegar a contaminar el agua con los químicos; un segundo problema son las especies exóticas introducidas por el gobierno, las cuales se comen el alimento principal de los ajolotes; y, por último, la urbanización y el ruido hacen que los ajolotes se enfermen y puedan morir.”

Un proyecto promisorio

Para revertir la extinción del ajolote en Xochimilco, el equipo de Zambrano decidió utilizar los lagos de La Cantera –situada dentro de la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel (REPSA), a cargo de la UNAM-, como una estancia provisional para los ajolotes: “Estamos utilizando los lagos de La Cantera mientras -y solamente mientras-, las condiciones de Xochimilco mejoran para que se pueda introducir a los ajolotes en su hábitat natural.”

El doctor Zambrano hizo hincapié en que esta labor no es exclusiva de los científicos, sino que implica a la ciudadanía y a las autoridades gubernamentales.

“El gobierno también debe aportar mucho para la conservación del sitio y de la especie. Si el gobierno quiere quitarle un pedazo de área natural protegida a Xochimilco y construir edificios, lo puede hacer. Todos tenemos que trabajar en conjunto, por un lado para presionar a las autoridades para que se hagan las cosas correctas y por otro para visitar la zona y apoyar la economía de la gente que no tiene por qué sufrir económicamente para conservar un lugar, sino que tendría que tener mejores beneficios porque está conservando un sitio.”

El investigador señaló la importancia de apoyar la producción chinampera, “la actividad está muy deprimida y esta depresión en parte tiene que ver con el sistema económico, costo-beneficio; a los chinamperos no les conviene producir, porque si producen la sociedad no se los compra, porque en una tienda de conveniencia los productos los encuentran más baratos. La sociedad, de entrada, tiene que empezar a valorar lo que Xochimilco es, tanto para su calidad de vida como por su calidad de cultura”.

Sin embargo, no todo es desolador para el futuro del ajolote. “La delegación Xochimilco junto con el INAH, decidieron que la reactivación de la zona chinampera es parte importante para mantener el patrimonio sitio UNESCO”, señaló Zambrano. Por otro lado “el proyecto también trata de entender cómo funcionan los ajolotes y qué mejor que sea en La Cantera, con estos lagos podemos empezar a entender si al ajolote le gusta estar en zonas con sombras, con sol, en zonas someras o en zonas profundas, qué es lo que come y cómo se lo come”.

Con respecto a cómo afectó el sismo del 19 de septiembre a la especie, el doctor Zambrano explicó: “El problema fue a nivel macro, por lo tanto dudo que [la especie] se haya visto afectada. Se verá afectada si el programa de reconstrucción que están queriendo implementar, afecta a Xochimilco; por lo tanto afectaría a la especie. Con esto no quiero decir que la gente no necesite un hogar, hay muchas formas de hacer una reconstrucción y la que el gobierno quiere implementar es la peor, porque en el momento en el que se piensa que Xochimilco es un gran lugar para reconstruir, la especie se verá amenazada”.

El ajolote en la mitología

Según la mitología azteca, el ajolote era la advocación acuática del dios Xólotl, hermano gemelo de Quetzalcóatl y monstruoso a causa del nacimiento gemelar. Cuando a los dioses se les ordenó su sacrificio para poner en movimiento al Quinto Sol, por temor a la muerte, Xólotl tomó forma primero de planta de maíz, luego de magueyal y, por último, de un anfibio llamado Axolotl.

Reconocido por sus habilidades para transformase, cuenta la historia que el verdugo encargado del sacrificio sentenció a Xólotl por su rebeldía a quedarse en el cuerpo del anfibio y condenado a que si algún día llegaba a morir, su cultura moriría con él.