A cien años del nacimiento del mexicano Juan García Esquivel el mejor homenaje es asomarse a la producción musical de este visionario creador de ambientes

Ciudad de México (N22/Perla Velázquez).- Instrucciones para leer la siguiente nota: tener audífonos a la mano;  buscar en alguna plataforma de streaming de música: Esquivel!; poner en modo aleatorio los tracks que ha arrojado el buscador. ¡Pero claro!, si eres de los que les gusta sacar los discos o vinilos y reproducirlos en un estéreo, esta opción también es más que válida. La intención es que hagamos el mejor homenaje que siempre exigen los aniversarios: en este caso, escuchar y disfrutar la música de Juan García Esquivel a cien años de su nacimiento.

Dice Pável Granados que para escucharlo lo mejor es tomar un martini, poner la música y dejarse llevar, porque “hay ciertas sugerencias, hay sonidos sorpresivos, voces que nos asombran, suertes musicales; es decir, peripecias inesperadas: diálogos de ritmo, de voces. Por eso, es mejor dejarse llevar por un lenguaje que sí expresa, aunque no tenga palabras”.

El tamaulipeco no conocía de límites de imaginación y de creatividad. Ejemplo de ello, es la canción “Mucha Muchacha”. Vamos al buscador y escojámosla. Un sonido simple, que surgió para ser la cortinilla de una telenovela, así lo explicó en una entrevista con Claudio Lenk:

“Me lo pidió un productor cubano que me dijo que hiciera algo muy comercial, algo que fuera pegajoso. Me pidió que le pusiera algo que explicara qué es un muchacho y qué es una muchacha. Hice un temita, porque muchas veces un tema sencillo, con arreglos se viste, le puse un diálogo que fue cosa de momento, pero a la distancia todos hicieron hincapié”.

Para grabar esta canción, Esquivel -como le llamaron en Estados Unidos- dirigió una orquesta dividida en tres estudios de grabación, se le ocurrió porque “había una euforia del estéreo: la música tenía que sonar en una bocina y luego escucharla en otra”, así lo rememoró el arreglista. Los músicos con los que grabó se posicionaron en tres estudios: en el principal estaba Esquivel, en frente, en la calle Ayuntamiento estaba parte del equipo y en Dolores, el resto. “Yo los escuchaba por audífonos y todos me veían a mí y yo los veía a ellos por un circuito cerrado de televisión”.

De este tipo de experimentos también es digno de recordar el que hizo con géneros como la música cubana, el bossa nova y, por supuesto, el jazz, los que transformó en un lenguaje propio para darle la bienvenida al “lounge”, un sonido para escuchar sin compromiso.

“En su tiempo fue una gran propuesta, fue una manera de crear ambientes. En ese sentido fue un creador de escenografías sonoras fue algo que hoy valoramos mucho, que es ambientar con la música, darle al tiempo una dinámica distinta, un color”, asegura Granados.

La inquietud musical

El compositor nació con un temperamento de búsqueda, dice Pável, pues a los 17 años ya tenía un conjunto musical en la XEW, “había un talento sorprendente. Hay grabaciones de 1934 y se puede escuchar cómo ya hacía música distinta con muy pocos recursos”.

Fue esta limitación la que lo llevó a Estados Unidos a grabar Other worlds. Other sounds, un disco que vendió 22 mil ejemplares y con el que le ofrecieron un contrato como director musical en Nueva York por tres años. Fue el momento de decir: “Adiós, México”.

“México fue un poco sordo a la importancia de Juan García Esquivel (Tampico, 1918-Juitepec, 2002), él salió del país y yo lo comparo mucho con Luis Alcaraz y con Dámaso Pérez Prado, porque los tres fueron fenómenos con distintas formas de repercusión, pero muy importantes a final de cuentas”.

En Estados Unidos, y tras 17 años de trabajar en el país norteamericano, Esquivel logró un reconocimiento mundial, que hasta la fecha sigue creciendo, no en vano en plataformas musicales como Spotify tiene cerca de 63 mil escuchas al mes. Aunque poco es el material audiovisual que se tiene de él, “sí hay, pero está en Estados Unidos o en otros países.

“Tuvo la satisfacción de ver que al final de su vida llegaban cartas de admiradores que tenía en todo el mundo y esos admiradores eran los creadores de la música electrónica, de la música lounge, que reconocían en Juan García Esquivel a un genio, porque la verdad es que hacer lo que él hizo se necesita ser genio”.

García Esquivel fue un gran momento de la imaginación musical en México, asegura Pável Granados, quien para el centenario dedicó un podcast de la Fonoteca Nacional. Recordemos el legado del compositor, arreglista, músico y “el hombre que se enfrentó a un sentimiento quizás conservador de la música”.