A través de diferentes proyectos (de urbanistas, paisajistas y arquitectos),  José Antonio Aldrete-Haas analiza el impacto de las zonas verdes en las ciudades

Imagen: Parque Lineal Ferrocarril de Cuernavaca (Seduvi)

Ciudad de México (N22/Alberto Aranda).- “Hemos antepuesto criterios económicos a criterios de bienestar. Las ciudades las hemos conformado en función de los beneficios económicos de algunos. No pensando en que es nuestra casa”, señala el arquitecto José Antonio Aldrete-Haas. La falta de zonas verdes y el impacto que causa, no sólo en la plusvalía de las propiedades, sino en la calidad de vida de la población, fue lo que motivó a este arquitecto a reunir distintos proyectos que favorecen el contacto con la naturaleza en el libro CDMX Naturalizada, publicado por Textofilia.

Ciudad de México naturalizada (sic) surge de una serie de preguntas que tienen que ver con qué relación tenemos los seres humanos con la naturaleza. A final de cuentas todo se resume en por qué un departamento que ve a la calle de Ámsterdam vale más que el que ve sobre viaducto. Por qué uno que ve sobre el parque de Chapultepec vale más que el que ve sobre Ámsterdam. La pregunta es qué hace la naturaleza a nuestro organismo, y luego: si vemos que tiene todas estas virtudes ¿por qué construimos ciudades tan feas?”

Recuperar ríos, tener muros y azoteas verdes, en síntesis, aumentar el contacto en las ciudades con la naturaleza es lo que se propone en CDMX Naturalizada. El trabajo reunido ahí, de arquitectos, urbanistas y paisajistas, busca crear conciencia entre la sociedad, pero también en las autoridades

“Se muestran proyectos que hablan de transformar las cañadas en jardines comunales con agua de temporal, porque por ahí baja el agua que alimenta la ciudad […] Se necesita la conciencia de que estamos creando un enorme jardín, un jardín que hay que cuidar, mantener. Hay que cambiar la conciencia no sólo de los que toman las decisiones y de los políticos, sino de la sociedad civil, también.”

Imagen: Textofilia