Para el artista mexicano la escultura permite no sólo la resignificación de los materiales sino también que “el objeto hable”; su instalación Cosmic Thing cumple quince años exhibiéndose de manera itinerante

Damián Ortega, Cosmic Thing (2002)

Ciudad de México (N22/Redacción).- Durante la Feria Internacional del libro de Guadalajara, Damián Ortega, artista visual mexicano, presentó el libro Damián Ortega. Módulos de construcción. Textos críticos, un compendio de artículos que nos introducen de modo singular en la obra del mexicano: se reúnen diversas interpretaciones acerca de su trabajo elaboradas por críticos, artistas y escritores como Sergio González Rodríguez, Juan Villoro, Bruno Latour, Gabriel Orozco y Gabriel Kuri, entre otros.

Compilado por Luciano Concheiro, este texto da cuenta de la transición de la caricatura a la escultura que para el artista fue más bien una “articulación de esos dos mundos”, como definió en una entrevista con Agencia N22, “fue justamente ese tránsito el que se ve en el libro” donde ambas, tanto caricatura como escultura funcionan de manera simultánea.

“La conciencia de un lugar específico”, que le brindó el trabajo como caricaturista la llevó también a la escultura, un espacio de creación en el que puede “resignificar los objetos” y que se convirtió en una herramienta para “transformar las cosas, pensar que, tal vez, un kilo de tortillas tendría mucho más contenido político, formal, emocional o personal, como identidad, que una pieza de mármol […] Los materiales hablan, los materiales tienen historia y tienen un impacto cultural”.

Empezar a entender este proceso para el artista, “es dejar que los objetos hablen y que la escultura hable”. Y es precisamente una de sus instalaciones, Cosmic Thing (2002) , la que ha hablado por quince años en diferentes espacios expositivos. Actualmente, la instalación que fuera exhibida por primera vez en la Bienal de Venecia en 2002, se aloja en el Museo Guggenheim de Bilbao, La pieza, un Volkswagen Tipo 1 modelo 1989 que se exhibe fragmentado y suspendido por medio de cables, es parte de una trilogía integrada por Beetle 83 (2002) y Moby Dick (2004).

 

Con información de Guadalupe Alonso Coratella