En esta muestra no hay lugar para titubeos cromáticos –obviando un poco la premisa del azul Klein– la importancia del pigmento crea contrastes que parecen no tener límites

Fotografías: Alizbeth Mercado

Ciudad de México (N22/Alizbeth Mercado).- Las paredes son blancas y hay varias frases escritas sobre ellas, una resalta: “me embriaga la monocromía”. Así describe Yves Klein (París, 1928) su trabajo, expuesto en la retrospectiva homónima en el Museo de Arte Contemporáneo (MUAC).

Al entrar en la sala encontramos cuadros de diferentes colores y no sólo piezas del mítico Azul Internacional Klein (IKB) desarrollado por el artista francés. Este color fue patentando por él, lo creó para crear un tono que “abriera el infinito vacío del espacio, erradicando el espacio entre el cielo y la tierra”.

En este perímetro además de cuadros hay una caja con arena de color IKB, es hipnótica porque pareciera que la arena cruza las fronteras espaciales, pero al mismo tiempo, permanece quieta y nadie mancilla su forma. Si Yves creó el azul para eliminar las fronteras espaciales, en este texto iremos más allá porque los colores, texturas y materiales de la exposición parecen salir de sus marcos por el juego que existe entre la luz y la intensidad de los colores.

La muestra tiene 74 piezas divididas en seis salas que dan cuenta de su corta, pero intensa carrera (1954-1962). En la segunda se abre el espacio a la contemplación de siluetas pintadas en tonos ocres. Klein utilizó los cuerpos de mujeres a manera de brochas para pintar diferentes lienzos porque “sus manos eran insuficientes”, una técnica inusual pero que influyó en el performance art.

Para entender más del artista, en la retrospectiva hay una sala dedicada a proyectar un loop de videos que muestran entrevistas y algunos actos artísticos del francés, también hay una sección de planos, fotografías, cartas y la proyección de un audio que se llama “Diálogo conmigo mismo” y explicita motivaciones del pintor.

En esta muestra no hay lugar para titubeos cromáticos –obviando un poco la premisa del azul Klein– la importancia del pigmento crea contrastes que parecen no tener límites, además del azul, hay rosas intensos y dorados brillantes que pueden señalar el vacío como preocupación de artista, aquí no existe el vacío.

Klein fue uno de los fundadores del Nouveau Réalisme (que se centró en el ser humano como punto de partida) y su impacto en el arte moderno creció significantemente después de que murió en 1962. Le Rose du Bleu, su obra más cara, se vendió por $36, 482,500 en Christie’s London en el 2012.

Yves Klein estará en el MUAC hasta el 14 de enero.