A cien años del nacimiento de una de las voces más relevantes de la narrativa alemana , una reflexión

Ciudad de México (N22/Huemanzin Rodríguez).- Un joven soldado alemán vuelve a casa después de ser prisionero de guerra, fue obligado a luchar por un gobierno nacional socialista en el que nunca creyó. Vuelve a casa y decide dedicarse a las letras, así nació el escritor Heinrich Böll (Colonia, 1917-Kreuzau, 1985), Premio Nobel de Literatura en 1972. Este diciembre conmemoramos el centenario de su natalicio.

Dawid Bartelt, director de la Fundación Heinrich Böll para México, Centroamérica y el Caribe, señala sobre el escritor que éste “es una figura intelectual pública, que hemos tenido muy poco. En Alemania no hay esa tradición de que los artistas o los escritores se involucren en el debate más explícitamente político. Dejan ese  campo para los periodistas.”

Después de la II Guerra Mundial, la sociedad alemana cubrió con silencio los crímenes ocurridos en doce años del nacionalsocialismo. A través de la literatura, Böll generó una contra opinión a esos aires de restauración. “Así como en su famoso cuento ‘Las ovejas negras’ (1951), Böll era también una oveja negra para la sociedad hegemónica en Alemania, porque siempre estaba articulándose en contra de las tendencias, que eran muy fuertes”, precisó Bartelt.

Pese a ser muy católico, había nacido en Colonia, uno de los lugares donde la religión es muy fuerte en Alemania. Como escritor desafió a la Iglesia y “eso se refleja en Opiniones de un payaso (1963) y muchas otras obras donde hay justamente este conflicto entre una institución que utiliza a la religión para domesticar, para establecer una doble moral. Que va en contra del humanismo, ese humanismo religioso en el que creía Böll.”

En los años cincuenta, el ciudadano Böll luchó contra el rearme de Alemania, pues consideraba que a pocos años de la tragedia y con tantos nazistas sobrevivientes en el poder, eso no debería de ocurrir. Cuando “comienza el programa nuclear energético, con todos sus riesgos enormes, Böll se involucra, incluso va a las marchas. Hay imágenes de televisión muy famosas en donde se ve a policías que cargan a Böll para llevárselo de una manifestación”, comenta Dawid Bartelt.

Para la escritora y traductora Lorel Manzano, su obra “se podría leer como una suerte de autobiografía. Porque está ahí él, por su puesto, están sus preocupaciones. Y lo más interesante es que no son abiertas, no van a ser jamás panfletos, y eso es también lo que lo salva del tiempo y de los ataques. Eso es lo que realmente conserva su obra intacta y fresca.”

En este paisaje literario de posguerra, “los protagonistas, son también gente que no caben en el esquema de la sociedad dominante”, como comenta el director de la fundación del escritor alemán.

“Yo creo que fue un feminista convencido, se nota, y en sus últimos libros importantes son Retrato de grupo con dama (1971) y Mujeres ante un paisaje fluvial (1985). También tiene El honor perdido de Katharina Blum (1974). Estos grandes personajes femeninos son realmente violentados por la sociedad. Son como mujeres llevadas a juicio social.”, explica Manzano sobre esta faceta en la obra del escritor que escribió cuento, relato, novela, ensayo y artículos. Sus novelas están escritas de manera clara y lacónica pero entre los reglones genera espacios tremendamente inquietantes, donde sus personajes jóvenes y llenos de esperanza son aplastados por el peso de su época.

“Son personajes que están anclados, casi encadenados, no todos pero sí muchos a un tiempo muy preciso en el que se sufre el hambre. Cuando miran hacia atrás está el recuerdo de un hambre que no se va a saciar. Y hacia adelante está una sociedad que sigue gobernada por nazis, que siguen en el poder. Una sociedad sumamente conservadora que no les va a querer dar la oportunidad.”


Böll es un gran retratista, y tal vez por ello sus obras fueron llevadas al cine desde los años sesenta. “En 1962 se llevó a la pantalla grande en blanco y negro, su novelita que se llama El pan de los años mozos, por un director novel, creo que fue su primera película, Herbert Vesely. Es una obra que complementa muy bien la narrativa de Böll”, comentó el también escritor y traductor Marco Lagunas.

A partir de ese momento, Böll fue muy adaptado al cine. Destacan cintas como No reconciliados, de 1965, dirigida por Jean-Marie Straub y Danièle Huillet; Memorias de un payaso, de 1976, dirigida por Vojtech Jasný;  y una de las más importantes fue El honor perdido de Katharina Blum, de 1975, dirigida por Volker Schlöndorff y Margarethe von Trotta.

Böll murió en 1985. Debido a su postura civil el Partido Verde Alemán se acercó a los herederos del escritor para proponerles mantener sus intereses y demandas dentro de su agenda política, y después cuidar de sus ideas y su legado a través de la Fundación Heinrich Böll; es en este lugar en donde se resguardan sus obras y se ha completado la edición de todos sus escritos, ordenados y comentados en casi treinta tomos. Actualmente, con Alemania como país hegemónico en la política de Europa, la culpa de la posguerra ya no es un tema del que quiera hablarse demasiado, eso pone en el olvido la obra crítica de Böll.

“Desafortunadamente Böll ha sido un poco olvidado en Alemania. Cuando muere en 1985 perdemos a uno de los pocos que tuvimos. Y después de la muerte de Grass, hay un vacío muy grande en Alemania. Y lo que me ha sorprendido mucho, positivamente, es que acá en México he encontrado ya varias veces a jóvenes de 20, 22 años, que están estudiando y que son absolutamente seguidores de la literatura de Böll”, reconoció Bartelt.