Nunca fui Primera Dama, novela de la escritora y poeta cubana Wendy Guerra, en la FIL Guadalajara

Guadalajara (N22/Karen Rivera).- Humana y no divina, artista y no heroína contemporánea, Wendy Guerra se describe y escribe cómo es ser mujer en una isla machista. Su novela más reciente Nunca fui Primera Dama, parte de la necesidad de dignificar la figura femenina.  A través de tres protagonistas: Celia Sánchez, Albis Torres y Nadia Guerra, su alter ego, le habla al lector como “la hija de todos, reportando desde el país de nadie”.

“Nosotras estamos amordazadas. Siempre les digo a todos los que vienen a preguntarme sobre el tópico, que cierren los ojos y piensen en la plaza de la Revolución y esos largos desfiles y las locuciones del comandante en jefe que hoy cumple un año de muerto por cierto, y pregunto: ¿ustedes recuerdan alguna mujer a lado de Fidel diciéndole adiós a las tropas o diciéndole adiós al pueblo? Bueno, pues ahí está Celia Sánchez, una de las protagonistas de mi novela”, explica Guerra, poeta y escritora nacida en La Habana, en 1970.

Sobre el resto de los personajes que pueblan esta novela, la escritora nos cuenta que “Celia es una de las grandes impulsoras de la Revolución Cubana, pero con ella misma con su familia subió a Martí, a José Martí, el busto a lo más alto del pico turquino de la sierra maestra con su padre, médico y con Hila Madero, que es la escultora y a partir de poner a Martí, que es nuestro gran ‘profe’, ahí en el pico turquino empezaron todas sus conquistas […] Y Nadia Guerra es un alter ego, es un modo de disfrazarse, ser la carne y la piel de estas mujeres acalladas. Yo creo que eso es también la literatura femenina:no poner su nombre completamente pero poner su perspectiva”.

En este libro, Guerra también se cuestiona sobre la utopía de una Cuba revolucionaria. “El proyecto de nuestros padres”, relata, “ha sido sostener la revolución que es un proyecto de Fidel, hace cuarenta años, cincuenta casi sesenta, sosteniendo el proyecto de otra persona, es duro, entonces me pregunto quién es el héroe, si nuestros padres que son esos héroes anónimos que nadie sabe que existieron, que han renunciado a todo por sostener un proyecto colectivo o la persona que ha firmado el proyecto”.

Creo que en Cuba lo que suele pasar con los escritores es que tiran la puerta y se van, dan un portazo. Yo vivo en Cuba, qué mejor si estás en Cuba que narrar lo que pasa […] Nosotros hemos vivido un terremoto de sesenta años, de pauperización social y política a una utopía. Yo creo que me toca a mí, encarnar Cuba y para eso estoy, por eso lo hago”.