Una charla con el escritor francés ganador del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances

Guadalajara (N22/Víctor Gaspar).- Un cruce entre la ficción y la no ficción nutrido con elementos autobiográficos es parte de la propuesta literaria que por varias décadas ha desarrollado el escritor francés Emmanuel Carrère y que es reconocida con el Premio de Literatura en Lenguas Romenaces 2017. Su exploración lo llevó a los linderos entre la realidad y la imaginación, y ejemplo de ello es su novela El adversario (2000). En una exploración similar a la realizada por Truman Capote en su libro A sangre fría, Carrèrre se inspira en el asesinato de una mujer y sus hijos a manos de Jean Claude Roman, cometido en 1993.  

“Esta historia me fascinó como a muchas personas. Intenté escribir, lo intenté de diversas maneras, lo intenté inspirándome en esta historia pero permaneciendo muy libre. Y me di cuenta que no funcionaba por las razones que ya dije que me son difíciles de explicar, que no son teóricas. Era este sentimiento intuitivo que me decía que no era lo justo. Creo mucho en eso, como si en la oreja me dijeran que eso no funciona. En cada frase que escribía me daba la impresión de que no funcionaba. Y así pasó mucho tiempo, fueron varios años. No sé cuántas versiones hice y cosas así. Después de un momento, justo cuando iba a abandonar esta empresa, comencé a escribir de una manera absolutamente verídica, permaneciendo fiel a la exactitud de los hechos y después a escribir en primera persona. A partir de eso entré en un territorio de escritura que yo no sospechaba y en el que he permanecido durante, no sé, casi veinte años hasta ahora”, cuenta Carrèrre en entrevista.

“Yo estoy vivo y ustedes están muertos” es una cita del libro Ubik, de Philip K. Dick, con la que Carrère titula la biografía que dedica al escritor estadounidense. Dentro de sus lecturas, Carrère también evoca a un mexicano. “Es uno de los grandes escritores del siglo pasado en mi opinión. Es cierto que hay muchas personas que son renuentes a la ciencia ficción y lo comprendo. Pero ¿por qué llega a surgir esta especie de antipatía que se puede tener contra esos hechos un tanto fáciles de la ciencia ficción? Yo encuentro que la obra es una obra verdaderamente profética y que entre más pasa el tiempo nos damos cuenta de que tenía razón y que vivimos en un mundo donde descubrimos mundos como el de la realidad virtual, el transhumanismo. ¿Quién es el que mejor ha hablado de todo eso en el siglo pasado? Es Philip K Dick, sin duda. […] Yo diría que tenía como 20 o 25 años y recuerdo que Pedro Páramo en particular me dejó sorprendido. Era muy proclive, estaba muy inclinado hacia la fantasía y de cierta manera Pedro Páramo estaba en ese mismo nivel. Es un libro que absolutamente me fascinó. Lo releí tres veces en el transcurso de los años.”

Otra de las aristas de la creación de Carrère es su incursión en el cine como guionista y director, lo que le ha permitido una conciencia de los potenciales narrativos tanto de la palabra escrita como de la imagen.

“Una de las primeras diferencias es el experimentar cuando realicé una película de ficción que era la adaptación de la novela El bigote. Es que cuando haces un filme de ficción no se tiene acceso a la interioridad de los personajes. Si usted quiere, escribe un libro y es muy fácil decir: Madame Bovary piensa que… es el derecho del escritor. Pero si usted describe eso en un escenario, para describir ella piensa tal cosa normalmente el productor va a poner una imagen en rojo. Y la gente va preguntarse cómo es que piensa eso. Se puede escribir en un escenario pero para mostrarlo en una película hay que intentar buscar una solución. Me acuerdo que adapté el libro El bigote, completamente desde el punto de vista del personaje principal. Y el desarrollo demanda, cuando se plantea desde el punto de vista del personaje principal, que se le adapte al cine. Cuando se tiene la clase de objetivación que dan las imágenes, es mucho más complicado. Es por eso que esta película ha sido tan exitosa.”