Una charla con el escritor estadounidense sobre su infancia, el valor de la cultura en la vida cotidiana y la relevancia del periodismo

Guadalajara (N22/Víctor Gaspar).- Después de varios años de no presentar una novela, Paul Auster regresa a México en el contexto de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara para presentar 4321. Un entrecruce entre la familia, los amigos, la amistad, reflexiones sobre la muerte e incluso Nueva York. Vemos en la portada un jugador de béisbol que bien puede ser el señor Auster.

Estoy seguro que no soy yo” explica el escritor estadounidense. “No, el libro es sobre la historia de la vida de una persona desde el nacimiento hasta la temprana adultez. Y se desarrolla entre los mismos años de mi nacimiento y adultez temprana. Pero la cuestión con este personaje es que en lugar de contar una historia solamente una vez, la cuento cuatro veces.”

¿Qué otros elementos autobiográficos integra usted aquí?

Ninguno de ellos es exactamente la historia verdadera de lo que me sucedió cuando yo tenía 14 años de edad. He escrito sobre esto antes en una serie de pequeñas historias que se llaman “¿Por qué escribir?, que son parte de un libro que es el Cuaderno Rojo. Es la historia de cómo, cuando tenía 14, fui enviado a un campamento de verano en el estado de Nueva York. Veinte niños y dos entrenadores salimos de paseo al bosque y nos alcanzó una tormenta eléctrica. Tratábamos de alejarnos de los árboles para ir al claro; cruzamos por debajo una cerca de alambre de púas y el niño que iba inmediatamente enfrente, a mitad del cruce, cuando su espalda estaba directamente debajo, murió electrocutado cuando un relámpago le pegó al alambre de púas. Creo que esta es la experiencia fundamental de mi vida, me ha perseguido desde 1961 cuando esto sucedió. Esta historia está enterrada en el centro de este libro.

Usted ha usado esta anécdota del alambre de púas y de la electrocución para escribir algo más. ¿Cómo explica el hecho de retomar esta experiencia en este momento?

No puedo explicarlo. Sólo puedo decir que a medida que he ido envejeciendo algunas interrogantes de la infancia se han vuelto más importantes para mí; recuerdo el pasado más de lo que solía hacerlo. Mis dos libros anteriores, justo antes de este, no fueron novelas: Diario de Invierno e Informe del interior. En ambos libros de oficio no autobiográfico comencé a explorar mi infancia por primera vez, como adulto, sin ninguna intención sería. Y me percaté después de que me había encaminado hacia esta novela, pues sin estos dos libros, éste no habría llegado.

Me di cuenta que quería sumergirme en lo que era sentirse como un niño de seis años, en contraste con uno de ocho años o uno de once, con todas esas mutaciones que pasamos esencialmente en los primeros veinte años de nuestras vidas. ¡Qué enorme viaje realizamos desde ser un pequeño e indefenso niño hasta convertirnos en hombres y mujeres! Es sorprendente cuando lo pensamos. Es la época más frenética, aventurada, bella y terrible en la vida de una persona. Es el periodo en el que me quería concentrar. Pienso en este libro como uno que aborda el desarrollo humano.

¿Cuál es la función de la ficción en la vida?

Todos los seres humanos necesitan historias. Salimos en busca de ellas. Todas las culturas, sin importar cuán primitivas o sofisticadas, han creado leyendas y mitos e historias sobre sí mismas. Las necesitamos porque la realidad es enorme, muy fragmentada y hay millones de cosas que suceden simultáneamente, que sin el trabajo de aclarar, ordenar y contar historias, no podríamos encontrar sentido a quiénes somos. Creo que por ello es un impulso y una necesidad en los seres humanos tan fuerte como el hambre. Necesitamos comida pero también necesitamos historias, ya sea que la gente tenga sus historias a partir de trabajos literarios como éste o de películas o de la televisión o de cómics. Seguimos estando hambrientos de historias, eso no cambia.

Pero ¿esa potencia puede estar sometida de algún modo al poder?

Bueno, puede estar controlada por el poder y esa es la razón por la que los escritores tienen que resistirse a ese poder y hacer todo lo posible en sus manos para continuar escribiendo con libertad. Pero ¿alguna vez has conocido a un niño pequeño que no le guste que le cuenten historias?

Todos regresamos a esos recuerdos. ¿Quién es parte de ese recuerdo? ¿Quién le contó esos primeros cuentos de hadas? Siempre hay alguien, una conexión primigenia, con esa persona.

Y amas a esa persona por el resto de tu vida. Bueno, fue mi madre pero también mi abuela. Ella me leía y recuerdo que me gustaba mucho. Incluso cuando crecí poco más, cuando tenía ocho o nueve, ella me leía y yo lo disfrutaba mucho.

Al ver esta fotografía pienso en que pudo haber compartido esos recuerdos y esas historias con los amigos. ¿Los recuerda?

En los Estados Unidos, durante mi infancia, el béisbol era la obsesión número uno entre los niños, incluso las niñas lo jugaban, jugábamos softball juntos y beisbol con los niños. Era un mundo diferente, sin la supervisión de los padres y teníamos nuestras propias reglas, teníamos nuestras propias disputas. Las arreglábamos entre nosotros. Recuerdo esos primeros años de vida como un periodo dorado de libertad y de gozo de la camaradería y la compañía de estos niños que jugábamos ese juego, todo mundo jugaba duro y lo disfrutaba. Pero los niños en los Estados Unidos ya no juegan béisbol de esa manera, es cosa del pasado. Se acabó.

¿Cuál es su vínculo con otras manifestaciones del arte? Usted ha estado cercano al cine, obviamente a la literatura, y a la literatura extranjera.

Creo que mis mayores afectos están en la música clásica pero estoy muy interesado en el jazz, el blues e incluso el rock and roll cuando es bueno.

Usted también ha atestiguado el cambio de los Estados Unidos, han cambiado mucho desde sus años de infancia y la posguerra, y ahora es totalmente diferente. ¿Qué cambios advierte en la manera en que los Estados Unidos han cambiado? ¿En la manera en que el mundo ha cambiado porque también tenemos que hablar de globalización?

Bueno, creo que de lo que preferiría hablar es de la manera en que los Estados Unidos no han cambiado. Cuando vivía en ese pasado también estaba viviendo en el presente. Cuan divididos están los Estados Unidos de nuevo en maneras muy similares, cómo el racismo permanece como un profundo resonar en la cultura y cómo nunca podremos deshacernos de él, porque como cultura no estamos dispuestos a tener una gran conversación abierta sobre este punto.

¿Cómo inciden la literatura y los artistas? ¿ Existe algún tipo de obligación ante eso? ¿Cómo pueden contribuir los escritores y la escritura en general, digamos escritores o periodistas, a este cambio en el mundo?

Creo que los periodistas y los escritores, novelistas, son dos especies diferentes. No se sobreponen. Un escritor que escribe novelas es responsable solamente de escribir sus libros en la mejor manera posible que él o ella puedan. Ese es nuestro trabajo. El trabajo de un periodista es de suprema importancia cuando hablamos del aquí y el ahora, del mundo cotidiano en el que vivimos. Siento que necesitamos buenos periodistas más que nunca. Mientras más complejo se vuelva el mundo, mientras más confuso se vuelva debido al Internet o a la proliferación de información, tanto verdadera como falsa, necesitamos personas con corazones y mentes estables, y con personalidades claras para poder penetrar más allá de la superficie y llegar a la verdad. Creo que nuestro futuro inmediato depende de el buen periodismo.