La escritora española estuvo al frente de la cátedra Julio Cortázar; narró cómo se volvió escritora y la relevancia de la memoria como el tema principal de toda su obra

Guadalajara (N22/Redacción).- Abordando los libros que la marcaron como lectora en relación directa con su historia de vida, las charlas con su abuelo quien le regaló el libro más importante de su vida, La Odisea, y el descubrimiento de que “el progreso no es una línea recta”, Almudena Grandes nos invitó a “Mirar el mundo”, en la cátedra Julio Cortázar, que impartió esta mañana en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

Y mirar el mundo para Almudena Grandes es situarse en España, en la historia de “ese país tan raro”, como ella misma lo califica. Anclarse en la memoria familiar y colectiva que la ha formado como mujer, como lectora y como escritora y, sobre todo, volver a la historia de sus abuelos. Para “mirar el mundo”, Grandes siempre vuelve a su pasado: a la posguerra en donde la familia no tocaba ciertos temas, donde la educación se dividía en lo que se les enseñaba “a las niñas” y lo que se les enseñaba “a los niños”, a los nietos de quienes lucharon en la Guerra Civil. Sin embargo, para la escritora, la memoria tiene que ver con el presente y con el futuro, no tiene que ver con el pasado. Y es que para la española el tema central de su obra es la memoria.

Al finalizar la cátedra, Grandes resaltó, mediante una anécdota que las grandes obras de la literatura no son aquellas que levantan al público de su asiento, sino aquellas que “contienen una sustancia afín al corazón humano”.