Un recorrido narrativo sobre el autor de La caída de la Casa Usher orquestado por el autor estadounidense en su primera vista a la feria

Ciudad de México (N22/Redacción).- En la apertura del Salón del Literario en la FIL Guadalajara 2017, Paul Auster, habló sobre cómo Francia recuperó la memoria del poeta y escritor estadounidense, Edgar Allan Poe, luego de que tras su temprana muerte, a los 40 años, su tumba permaneciera dos décadas sin nombre.

El discurso de Auster inició así:  “Siempre que pienso en Edgar Allan Poe, la primera imagen que me viene a la cabeza es la de la ceremonia inaugural de su tumba en Baltimore en 1875. Poe había muerto en 1849, veintiséis años antes, y como todo el mundo sabe, las circunstancias de su muerte fueron bastante horribles y misteriosas: los últimos y tristes años de su vida, que incluyeron el fallecimiento de su mujer, la finalización de su obra maestra, Eureka, más la desesperada y patética búsqueda de una nueva esposa —numerosas proposiciones a mujeres a todo lo largo de la Costa Este, todas ellas rechazadas— y luego un viaje a Richmond, en Virginia, el lugar donde había pasado la juventud, para dar una conferencia que fue bien acogida y que le sirvió de estímulo para empezar a pensar en instalarse en su ciudad natal, y por último, la extraña e inexplicable borrachera en Baltimore, donde murió en el arroyo a los cuarenta años. Todos esos hechos son bien conocidos, pero no tanto lo que ocurrió después. La tumba en la que enterraron a Poe permaneció sin nombre durante varios años. Finalmente, uno de sus primos, Neilson Poe, consiguió dinero para encargar una lápida; pero entonces, en uno de esos giros que el propio Poe podría haber imaginado, la lápida casi terminada quedó hecha añicos cuando un tren descarriló y cayó en el taller del marmolista que llevaba a cabo el trabajo.”

“Neilson no podía pagar otra lápida, de modo que el pobre Poe languideció en su anónima fosa durante dos décadas más. A medio camino de ese purgatorio, un grupo de maestros de Baltimore empezó a recaudar dinero para una segunda lápida, y al cabo de diez largos años la losa quedó finalmente acabada. Para celebrar el acontecimiento —después de exhumar y volver a enterrar los restos de Poe—, se ofició una ceremonia en el instituto Western Female de Baltimore. Se invitó a los principales poetas norteamericanos de la época pero, uno por uno, todos acabaron declinando la invitación: Longfellow, Holmes, Whittier y otros cuyos nombres ya han pasado al olvido. Al final, sólo un poeta se dignó honrar con su presencia al instituto Western Female, el más grande de los poetas norteamericanos, según resultó, un hombre cuya reputación tal vez no fuera menos «peligrosa» que la de Poe: Walt Whitman, de Nueva Jersey.”

El autor de 4321, trazó una línea narrativa para abordar la figura del escritor más europeo que estadounidense. Auster, en su primera intervención en la FIL, contó un cuento. En la narración sobre la vida y la influencia de Poe, incluyó a escritores como Mallarmé, Valéry y Apollinaire, entre otros.

Casi al finalizar su intervención, Auster señaló que si bien los franceses habían rescatado la figura del escritor, pero desde ese momento los estadounidenses lo han reclamado como suyo.