El novelista y periodista cubano ofreció una conferencia magistral en la sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario

Imagen: © Ana Portnoy

Ciudad de México (N22/Karen Rivera).- Leonardo Padura asegura tener tres patrias: Cuba, su trabajo y su lengua. Para el autor de libros como Pasado perfecto y El hombre que amaba a los perros, la literatura es la herramienta que le permite construir la imagen de su país. Originario de La Habana, el escritor ofreció una conferencia magistral en la sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario, en la que realizó un recorrido narrativo de los autores que han contribuido a la creación del imaginario cubano, algunos de ellos mexicanos.

“Uno de los autores de culto más indiscutibles que existe en Cuba para los narradores cubanos”, dijo, “es nada más y nada menos que Juan Rulfo, creo que el Llano en llamas y Pedro Páramo son de esos libros que todos hemos leído, analizado y hemos querido alguna vez escribir alguna de las frases que le salían a Rulfo; después escritores como el propio Sergio Pitol.”

Además, señaló que “hay dos autores que con dos obras específicas lo ejemplifica de una manera absolutamente coherente y definitiva, una es Alejo Carpentier con varias de sus novelas, pero sobre todo con su novela corta El acoso, que es la historia de una persecución a través de La Habana, y La noche de Ramón Yendía, de Lino Novás Calvo, que considero que es el mejor cuento de la literatura cubana.”

En el ensayo “La Habana, la ciudad de las letras”, Padura también recordó dos de los textos que consideró cimientos de la narrativa cubana: Cecilia Valdés o la Loma del Ángel, publicado en 1839, y La joven de la flecha de oro, de 1841, ambos escritos por Cirilo Villaverde.

“En estas dos piezas, Villaverde se dedica a escribir de su actualidad y a través de sendas historias de amor consigue armar el tejido social, arquitectónico, racial y psicológico de la ciudad en donde vive, el novelista practicante de una narrativa costumbrista se impone conformar en estas obras la primera imagen polivalente de La Habana y sus habitantes […] Es el espejo de una ciudad creado con palabras”, El escritor agradeció el Doctorado Honoris Causa otorgado por la UNAM.