El Circo Contemporáneo presentó en el Cervantino una pieza multidisciplinaria cuyo tema eje se centra en la forma en la que se construyen las relaciones interpersonales en tiempos de hiperconectividad

Imagen: Imposible /Cortesía Festival Internacional Cervantino

Guanajuato (N22/Karen Rivera).- ¿Para qué se articulan los brazos? ¿Cuál es su función en nuestro cuerpo? ¿Qué nos diferencia de una planta? Bailar es quizá una de las respuestas más certeras a estas tres preguntas. Más allá de articular movimientos corporales en una coreografía, la función de nuestros brazos y lo que nos diferencia de una planta, es la manera en la que nos relacionamos como humanos. Esa es la reflexión que hace Imposible (propuesta #42), danza multidisciplinaria que presentó el Circo Contemporáneo en el Teatro Cervantes durante la Fiesta del Espíritu.

Con música y coreografía de Mauricio Nava, director del colectivo, una botella de agua y una planta, en el escenario, tres bailarines desarrollan movimientos suaves que permiten observar las diferentes maneras de comunicarse a través del cuerpo.

Esta propuesta coreográfica tiene su origen en la investigación que Nava desarrolló respecto a las relaciones interpersonales en el siglo XXI, en la que asegura la sociedad actual presta más importancia al objeto como medio electrónico, a la red o a medios virtuales, que a la persona frente a ella.

Los elementos kinésicos y dramatúrgicos, de los que hace uso Imposible, estrenada hace tres años y que, como su nombre lo indica, es la número 42 de la Compañía, les permiten a  Daniela Jerez, Jorge Salazar y Cynthia Shmulkovsky, realizar una propuesta dancística que pone foco en la evidente necesidad del ser humano por relacionarse y que, a pesar de los múltiples medios, termina incomunicado.