La desaparición de un migrante mexicano que nunca llega a su destino, Amarillo, en Texas, detona un relato que explora la noción de identidad cultural y juega con lo real y lo ficticio

Imagen: Teatro Línea de Sombra / Roberto Blenda2

Ciudad de México (N22/Redacción).- Desde ayer martes y hasta el 29 de este mes, la compañía mexicana Teatro Línea de Sombra inició temporada en el Chicago Shakespeare Theater, con Amarillo, una obra que presenta un “retrato naturalista” de la búsqueda por un presente mejor.

La obra, creada e interpretada por Raúl Mendoza, Alicia Laguna, María Luna, Vianey Salinas, Antígona González y Jesús Cuevas, relata la partida de un hombre, cualquier hombre, hacia Amarillo, Texas, “la tierra de los sueños”, destino al que nunca llega. A partir de ahí y desde la distancia, una mujer reconstruye a aquél hombre, su viaje, su cuerpo, su probable itinerario. Un discurso generado desde la distancia en el que caben todos los  hombres y mujeres que parten en busca de un mejor presente, de un mejor futuro.

Como muchos de los trabajos de Teatro Línea de Sombra, éste se alinea también hacia la crítica de la realidad social y la noción de identidad. El repertorio de esta compañía, producto de investigaciones exhaustivas, construye escenarios en los que se retoman personajes y entornos urbanos de tensión social y política como Ciudad Juárez (Baños Roma); se deconstruyen y satirizan arquetipos de belleza en la sociedad de consumo (Si sólo voy a vivir una vez, quiero ser rubia); en los que se detonan proyectos de acción política (Durango 66); o en los que se vuelve a espacios de resistencia cultural (La Brisa).