En un comunicado publicado en días pasados la institución demandó que “se defiendan, por cuantos medios legales tengan a su alcance, la democracia y las libertades de los ciudadanos, frente al intento secesionista que amenaza la integridad territorial del Estado”

Imagen: Manifestantes en apoyo a referéndum de autodeterminación de Cataluña, octubre, 2017 / HispanTV

Ciudad de México (N22/Ana León).- Recuerdo que en mis años de universidad durante una de las clases de Historia de América Latina, de la carrera de Estudios Latinoamericanos, impartida por el profesor argentino Carlos Tur Donatti, con una sencilla anécdota nos introducía al tema de la identidad. En ésta nos relataba su experiencia al charlar con una mujer en algún lugar de la península de Yucatán. No recuerdo a precisión de qué hablaban, pero sí el gesto del profesor al contar el momento en que le lanzó la pregunta: –¿Y usted qué es?, a la que la mujer respondió con orgullo: –Maya. –No me dijo que era mexicana, apuntó el profesor mientras abría de forma exagerada los ojos, –¡me dijo que era maya! La identidad tiene muchos niveles, como dejó ver con ese sencillo relato: la geografía, las costumbres y, sobre todo, el lenguaje.

La historia viene a cuento pues en días pasados en un escueto párrafo la RAE dio a conocer su postura respecto al deseo independentista de Cataluña o en sus palabras del “intento secesionista”, que aunque el significado es el mismo, la intención no:

“Ante los graves acontecimientos que amenazan la convivencia pacífica en España, la Real Academia Española, institución tricentenaria de nuestra sociedad civil, quiere manifestar públicamente su apoyo a la Constitución de 1978. En consecuencia, demanda al Gobierno y a los líderes políticos y sociales, que defiendan, por cuantos medios legales tengan a su alcance, la democracia y las libertades de los ciudadanos, frente al intento secesionista que amenaza la integridad territorial del Estado”.

Las palabras pesan, pesa lo que hasta ahora se ha entendido por democracia y que ha jugado a favor de la clase política entendiendo ésta como un tipo de representación, una lógica de vida social y una forma de gobierno, esto en relación con las palabras del filósofo francés Jacques Rancière, cuando, como apunta, en su sentido más puro, la democracia “no puede reducirse a una simple forma de gobierno ni a la distribución de los poderes: es una práctica de la política imposible de estabilizar como la práctica de instituciones estatales […] es una práctica que inventa formas de transformación de la capacidad de todos, es el poder común, el poder de lo común”.

¿A qué tipo de democracia, entonces, alude esta centenaria institución cultural encargada de la regularización lingüística del mundo hispanohablante? ¿Hacia dónde se está dirigiendo la carga política de palabras como ésta y como “libertad” y “ciudadanos” en el comunicado emitido? ¿Hasta dónde, con esta declaración, se está reduciendo el derecho a decidir de los catalanes?. Aunque su secretario Santiago Muñoz Machado señaló que el comunicado no tiene que ver con la “función lingüística” de la RAE sino con su posición en el sistema institucional del país”, el peso de estas palabras ha dejado huella en las páginas de esta historia cuyo fin no parece estar cerca.