Se cumplen cien años del nacimiento de la multifacética cantautora chilena “jardinera, locera, costurera, bailarina del agua transparente…” como la definiría su hermano, el poeta Nicanor Parra

Ciudad de México (N22/Redacción).- Figura clave de la canción latinoamericana, folclorista, compositora, cantautora, pintora, bordadora, escultora, ceramista y activista, Violeta Parra fue muchas Violeta Parra, difícil resulta definirla pues sería encasillarla. Este 4 de octubre se cumplen cien años del nacimiento de la promotora de la Nueva Canción Chilena.

Parra nace al sur de Chile, en la provincia de Ñuble. Su padre, maestro de música; su madre, modista. Desde pequeña, Violeta y sus hermanos, uno de ellos el poeta Nicanor Parra, estuvieron en contacto con diferentes manifestaciones artísticas. A los doce años compone sus primeras canciones aunque ya desde los nueve tocaba la guitarra. A los 14 años muere su padre; se muda a la capital, Santiago, con Nicanor y un año después funda un grupo con su hermana Hilda al que se sumarían, tiempo después, sus otros hermanos, Clara, Roberto y Eduardo.

Este “Norte y sur de un país atormentado” como la definió Nicanor Parra en el poema Defensa de Violeta Parra, se casó en 1938 con Luis Cereceda, que más allá del desencuentro debido al carácter de ambos, el de ella de una curiosidad insaciable, marcó a la cantante en lo ideológico, pues éste la introdujo en el ambiente político de izquierda. Luego llegaron los años de su matrimonio con Luis Arce y la muerte de Rosita, de dos años, hija de ambos. A esto le siguió su inmersión en lo más profundo de la música folclórica chilena y su proyección a nivel internacional a mediados de los años cincuenta, y su estadía de dos años en París. Su investigación sobre el folclore chileno reunió tres mil canciones populares y dio pie al libro Cantos Folklóricos Chilenos.

Parra se quitó la vida a los 49 años tras una fuerte depresión.