Sobre la respuesta de Mariano Rajoy contra la ciudadanía catalana para impedir el referéndum del 1 de octubre y la estrategia del gobierno catalán

Ciudad de México (N22/Redacción).- El 1 de octubre en Cataluña se tenía programado el Referéndum Independentista convocado por el gobierno regional considerado por la justicia española como ilegal. Miles de ciudadanos catalanes salieron a votar ese día a las diferentes casillas instaladas en escuelas y otras instituciones para encontrarse con un despliegue policiaco enviado por el gobierno de Mariano Rajoy que requisó las urnas con violencia extrema. Videos e imágenes en los que la policía española agrede a votantes que con las manos arriba intentaban acceder a los colegios electorales o proteger las urnas, inundaron las redes sociales y los medios internacionales.

Hasta el momento, la Generalitat (el sistema institucional que organiza políticamente la comunidad autónoma de Cataluña) ha elevado a 893 el número de afectados por el embate de la policía. Para Mariano Rajoy, en Cataluña, “las fuerzas de seguridad han cumplido con su obligación”, esto lo declaró en una rueda de prensa en la que no hubo preguntas, “hemos hecho lo que teníamos que hacer”, señaló, “frente a la ruptura de la legalidad y la convivencia”.

“¿Quiere que Cataluña sea un Estado independiente en forma de república?”, era la única pregunta que las autoridades catalanas harían a los ciudadanos. Para el gobierno de Rajoy este referéndum, desde que fue planteada la idea de llevarlo a cabo, fue considerado como inconstitucional pues vulnera la Carta Magna. Desde ese momento, advirtió, tomaría medidas legales de seguir adelante pues según la Constitución española estas consultas sólo pueden ser convocadas por el Rey, a propuesta del presidente del gobierno y con previa autorización del legislativo.

Desde tiempo atrás, en 2010, cuando el Constitucional emitió una resolución que negaba a Cataluña ampliar su Estatuto de Autonomía logrado en 2006 para tener un mayor control de su lengua, economía y legislación, Cataluña ha reclamado por su autonomía; en 2014, llevó a cabo otro referéndum con un resultado del 80% a favor.

El escritor argentino Martín Caparrós, en una nota publicada por el diario The New York Times el 25 de septiembre, señalaba que tanto la derecha catalana como el Partido Popular en Madrid han recurrido al “viejo truco de la patria […] Artur Mars en Barcelona y Mariano Rajoy en Madrid pensaron que los fantasmas patrios les servirían para disimular otros fantasmas”.

“La patria”, escribe Caparrós, “es una idea paranoica, –funciona en referencia a una amenaza externa– y la paranoia siempre vende bien. Es fácil entusiasmarse con la patria. Es fácil imaginarnos distintos de los otros; es fácil imaginarnos mejores que los otros. Es fácil suponer que todos los males vienen de los que están más lejos, los que no son nuestros parientes, nuestros vecinos, los nuestros. Es más cómodo, más tranquilizador: evita ciertos roces y evita, sobre todo, el esfuerzo de pensar.”

“El gobierno del Partido Popular insiste en que el referéndum es inconstitucional. Lo es, según la ley, pero el texto de la ley no siempre traduce su espíritu. Es difícil, en una democracia, sostener que un pueblo no tiene derecho a expresarse en las urnas. Y es más difícil todavía reprimirlo por intentarlo. El referéndum puede ser ilegal; con su violencia, el Estado central lo está legitimando”, señalaba Caparrós en aquella nota.

Por su parte el editor y activista español Amador Fernández-Savater, compartíó en su cuenta de Facebook algunas ideas para el 1-O:  “La violencia estatal, al ponerse en escena, se expone a la mirada del espectador: la ‘opinión pública’. El resultado ha sido catastrófico para Rajoy en términos de percepción e imagen: ‘el Estado es brutal’. Lo reconocen incluso dentro del PP. La política que tantos réditos les ha dado en términos de gobernabilidad durante décadas (‘la violencia son los otros’) se les ha venido completamente abajo y sin construcción de enemigo pierden muchísima fuerza.”

“La noviolencia que se vio ayer, –digna, activa, juguetona, muy 15M– es la cristalización de toda una experiencia histórica: sobre los límites ‘liberadores’ de la violencia, sobre las posibilidades de desborde (a todos los niveles: cantidad de gente, etc.) de la desobediencia. Sigue habiendo mucha gente en la calle que no dice ‘No a España’, si no No a ‘esta España’. […] ¿Podemos salir juntos de ‘esta España’?”, se pregunta. “¿Podemos actualizar nuestra imaginación política (sobre el vivir juntos) para adecuarla a ese hecho? ¿Sólo se nos ocurre lo del Estado-nación?”

El lunes por la mañana, un día después del referéndum, el especialista en ciencia política barcelonés Joan Subirats que un día antes escribía en el diario El Periódico que “la ruptura es comprender que el régimen del 78 (de la Constitución de 1978) ya no da más de sí y que ha de recomponerse el acuerdo que nos permita seguir juntos, aceptando sin condiciones que todo es negociable y discutible. Menos testosterona y más aceptación del diálogo”, declaraba en el noticiero de la periodista mexicana que desde 2010 cuando se niega la ampliación del Estatuto de Autonomía a Cataluña, “solamente hay una soberanía que es la del Estado español que por lo tanto niega la condición de dêmos, pueblo con capacidad de decisión, a la población catalana, es decir, en el fondo se está negando la idea de que España sea un Estado plurinacional como pueden ser otros Estados Federales”. Lo que ha habido, en palabras de Subirats, es tozudez y terquedad. Para el experto, no hay un triunfador posible y se debe explorar la vía de un cambio de régimen “desde nuevas mayorías que recompongan lo que definitivamente ya no funciona”.