El jurado del Instituto Karolinska de Estocolmo entregó el premio a estos investigadores “por sus descubrimientos de los mecanismos moleculares que controlan el ritmo circadiano”

 

Imágenes: nobelprize.org

Ciudad de México (N22/Redacción).- Este lunes inicia la entrega anual de los Premios Nobel inaugurada hace más de cien años, en 1901. Contribuciones e investigaciones, así como aportaciones notables a la humanidad son reconocidas en las categorías de Física, Química, Medicina, Paz, Literatura y Ciencias Económicas. La entrega de este año inicia con el Nobel de Medicina otorgado al trabajo de los científicos estadounidenses Jeffrey C. Hall, Michael Rosbash y Michael W. Young, “por sus descubrimientos de los mecanismos moleculares que controlan el ritmo circadiano”.

El premio, que consta de un estímulo económico de 940 mil euros, fue dado a conocer por el profesor Thomas Perlmann, secretario del Comité del Nobel de Fisiología o Medicina señalando que las investigaciones de estos científicos han contribuido a que se conozca que los seres vivos portan en sus células un reloj interno sincronizado con las vueltas de 24 horas que da la Tierra. Gracias a este reloj interior muchos fenómenos biológicos, como el sueño, ocurren, rítmicamente, alrededor de la misma hora del día.

Otros científicos ya habían indagado sobre el tema, en 1729 Jean-Jacques d’Ortous observó el comportamiento de las plantas mimosas cuyas hojas se abren hacia la luz en el día  y se cierran durante la noche, incluso en una habitación sin luz; en 1971 Seymour Benzer junto a su estudiante Ronald Konopka, del Instituto de Tecnología de California, hicieron nuevas aportaciones a la investigación al inducir mutaciones en la descendencia de moscas de vinagre con sustancias químicas que llevaron a alteraciones en su ciclo normal de 24 horas, en algunas.

En su investigación, que continúa la hecha por Benzer, los científicos utilizaron moscas en 1984 para aislar aquel gen al que llamaron “periodo” y asociado al control del  ritmo biológico normal. Sus investigaciones revelaron que este gen y otros se autorregulan a través de sus propios productos generando oscilaciones de unas 24 horas. Este reloj interior está implicado en la regulación del sueño, en la liberación de hormonas, en el comportamiento alimentario e incluso en la presión sanguínea y en la temperatura corporal. Ahora se sabe que estos ritmos circadianos surgieron muy pronto en los seres vivos y se conservaron en su evolución.

Las disfunciones circadianas se han vinculado a trastornos del sueño, a depresiones, al trastorno bipolar, a la función cognitiva, a la formación de la memoria y a algunas enfermedades neurológicas.