“Su abundante obra de creación literaria y amplia trayectoria en la difusión de las humanidades” es reconocida con la distinción

Imagen: Margo Glantz. © Alina López Cámara

Ciudad de México (N22/Redacción).- El cuerpo es uno de los temas eje que cruza de manera horizontal la narrativa de Margo Glantz. La de la escritora mexicana es una obra que abreva lo mismo de la literatura –de la propia, la escritora se plagia a sí misma, Por breve herida (2016)–, que del cine y la música. En “Palabras para una fábula” publicada en 1999 en la revista trimestral Fractal, Glantz escribe:

“¿Cómo definir con palabras los sentimientos y los afectos? Que es muy difícil, me parece fuera de toda duda, además, ¿no dice el poeta que las palabras chillan como putas?, y cuando chillan es imposible usarlas para decir lo que uno quiere decir y yo por más que intento no consigo pensar en cosas comunes y corrientes o simplemente humildes y trato siempre de sentirme de puta madre y de no chillar nunca, pero en el momento en que escribo estas palabras mi computadora le da la razón al poeta porque se ruboriza y subraya con rojo las malas palabras –esas putas que siempre chillan– esas palabras que no existen en el tesauro, por eso cada vez que las escribo aparecen amenazadas, enrojecidas, hinchadas y al hincharse me recuerdan de inmediato una parte de mi anatomía, símbolo como otras partes de mi anatomía –por ejemplo el cabello– de vida, de erotismo, pero también de muerte. Pero no voy a hablar ahora de los cabellos sino de mis senos y de éstos sólo porque me han pedido que me haga un análisis de cajón, la mastografía, análisis que hay que hacerse cada seis meses y da la casualidad que hoy se cumplen más de seis meses de que no me someto a esa prueba, o más precisamente hoy se cumplen dos años de que no me la hago.”

Margo Glantz nació en la Ciudad de México en 1930 pero su árbol genealógico se extiende hasta Rusia. Parte de una familia de inmigrantes rusos-judíos, sus padres llegaron desde Ucrania a México durante la segunda década del siglo XX, Margo estuvo cerca de la literatura desde muy joven, creció leyendo y ésta es una de sus principales actividades, uno de sus grandes placeres, ha declarado. En la desordenada y dispersa biblioteca de su padre halló los primeros libros que la convertirían en una lectora voraz: mitología, poesía, ciencia, son algunos de los temas que despertaron su curiosidad a muy temprana edad. A los cinco años obtuvo su primer premio leyendo. Alejandro Dumas, Julio Verne y Víctor Hugo acompañaron sus años de adolescencia. Luego llegarían los años de la gran novela estadounidense en las obras de John Dos Passos y Las Palmeras Salvajes, de Faulkner.

Autora de libros como Las genealogías (1981), Síndrome de naufragios (1984), Esguince de cintura (1994), Apariciones (1996), El rastro (2002), Saña (2006) y Coronada de moscas (2012), Glantz fue reconocida el viernes pasado con el Premio Alfonso Reyes 2017 otorgado por El Colegio de México “por su abundante obra de creación literaria y amplia trayectoria en la difusión de las humanidades”. Glantz es también una prolífica ensayista e investigadora. Su trabajo crítico, en gran parte, se concentra en la poeta mexicana Sor Juana Inés de la Cruz.