A lo que se refiere Faciolince es a la memoria en el sentido más político por no olvidar ciertas cosas

Imagen: El Faro

Ciudad de México (N22/Irma Gallo).- En El olvido que seremos (Seix Barral, 2011) la novela que lo volvió un autor conocido más allá de las fronteras de su natal Colombia, Héctor Abad Faciolince explora el tema de la memoria como último recurso cuando todo lo demás se ha ido. En conversación con la periodista  y escritora Mónica Maristáin durante el Hay Festival, le preguntamos acerca de la importancia de la memoria en su obra. Él asegura que la memoria es un suplente a la imaginación.

“La mala memoria es la forma de imaginar que yo tengo. Creo recordar muy bien pero en realidad, cuando recuerdo me doy cuenta que en realidad yo no recuerdo sino que invento. La memoria de todo el mundo es una especie de invento; no hay memorias como la de Funes el memorioso, de Borges. Esa memoria es tremenda. Entonces para mí el papel creativo de la mala memoria es lo que para mí es una especie de imaginación”, comentó Héctor Abad Faciolince, escritor.

A lo que se refiere Faciolince es a la memoria en el sentido más político por no olvidar ciertas cosas, conservar ciertos recuerdos lo mejor para que algo no se repita. “Como las circunstancias nunca se repiten, nunca son exactamente iguales, yo no creo que eso sea tan cierto”.

A propósito de su visita a Querétaro, señalaremos que la relación del autor con México no es sólo de visitante, en 1978 estudió talleres de poesía y narrativa en La Casa del Lago, el primer campus cultural de la Universidad Autónoma de México. En 1979 regresó a Medellín y comenzó a estudiar Periodismo en la UPB.

Entre sus novelas se encuentran Malos Pensamientos (1991), Asuntos de un Hidalgo Disoluto (1994), Tratado de Culinaria para Mujeres Tristes (1996), Palabras Sueltas (2002), Oriente Empieza en El Cairo (2001), El Olvido que Seremos (2006) y La Oculta (2014). Han sido traducidas a distintas lenguas, entre ellas inglés, portugués, italiano, chino, francés y alemán.

Actualmente es columnista y asesor editorial en El Espectador, colabora con El País de Madrid y en el NZZ de Zurich.