La escritora, que formó parte del Hay Festival Querétaro, habla sobre sus impresiones acerca de la maternidad por Tenemos que hablar de Kevin y sobre su crítica a EEUU en esta nueva entrega

Imagen: Perla Velázquez

Ciudad de México (N22/Irma Gallo).- Lionel Shriver no tuvo empacho en destruir, de tajo y sin miramientos, el mito de que toda maternidad es una maternidad feliz cuando publicó Tenemos que hablar de Kevin, en 2003. En esta novela, que ganó el Premio Orange en 2005 y que la cineasta Lynne Ramsay llevó a la pantalla grande en 2011, inspirada en hechos como la masacre de la escuela secundaria de Columbine, Shriver narra la peor pesadilla de toda madre: que su hijo, de buenas a primeras, un día llegue con un arma a la escuela y mate, indiscriminadamente, a compañeros y maestros por igual.

“Esa fue realmente una proyección de mis miedos. Para aquellos en tu audiencia que no conozcan este libro, es acerca de la madre de uno de estos asesinos de High School. Descubre, cuando tiene a este niño, que simplemente no quiere ser madre, y le preocupa que el antagonismo con su propio hijo lo haya convertido en un monstruo, que sea toda su culpa. La pregunta para el lector es ¿fue, de verdad, su madre, que no lo amó o había algo realmente mal en este chico desde el principio? […] Le corresponde, definitivamente al lector, decidir si la narradora, la madre, tuvo la culpa.  En el momento en que estaba escribiendo ese libro también estaba luchando con si tendría un hijo yo misma. Tenía poco más de 40 años, todavía podía tener un hijo, apenas, sin peligro médico. Estaba en una relación en ese momento y nos estábamos decidiendo. Siempre tuve dudas acerca de querer ser madre, pero ese es el tipo de información que nunca examiné de un modo adulto, serio. Pero para cuando terminé de escribir el libro me había decidido: no creo que nadie que pudiera haber escrito este libro quisiera hijos.

Su más reciente novela Los Mandible. Una familia, 2029-2047, es una distopía futurista en la que Shriver retrata a los Estados Unidos en una crisis económica devastadora, donde el desabasto, la rapiña y la violencia son la nueva realidad de aquellos que alguna vez creyeron en el sueño americano.

“Es una novela que se sitúa en el futuro muy cercano. Es sobre el colapso económico de los Estados Unidos porque los Estados Unidos depende de su deuda nacional, que es, ya, en el presente, enorme, y en otros 12 años va a ser aún mayor. Así que traté de escribir esta novela de una manera hiperrealista; la realidad dentro de 12 años está muy accesible, es casi como caminar en la próxima habitación, lo cual es, por supuesto, la manera en que se siente conforme avanzas en el tiempo. No hay un shock repentino, es sólo el mañana, y las cosas cambian de esa manera insidiosa.

“Dices que soy una gran crítica de los Estados Unidos, y creo que Estados Unidos se lo busca. Siempre se está promoviendo como el más grandioso país de la tierra, y si te vas a mantener en ese tipo de estándar, entonces te van a criticar, incluyendo por la gente que vive ahí, a la que constantemente se le dice que son las ciudadanos más afortunados en el mundo.

Lionel Shriver participó en una mesa sobre literatura y cine, en el marco del Hay Festival que concluyó este domingo.