Casa Tomada es un espacio cultural independiente que abrirá sus puertas, oficialmente, en febrero de 2018; una propuesta flexible que busca generar una comunidad heterogénea y multidisciplinaria

Ciudad de México (N22/Ana León).- Todo cambia y las oficinas de la revista La Tempestad, desde 2012, también. Las de ahí, esos dos pisos que albergan el archivo de 126 ediciones y casi veinte años de vida de una propuesta editorial independiente centrada en la reflexión acerca del arte contemporáneo, están a punto de ser tomadas. Dentro de poco, la planta baja de ese espacio, ubicado en la calle de Pachuca, en la colonia Condesa, que es oficina, recepción, Espacio de Reflexión Estética y casa –de aquellos quienes pasan su día a día ahí, porque ¿qué es un casa sino el lugar donde se busca resguardo del mundo exterior y donde está la memoria?–, se convertirá en un centro cultural, “un espacio tomado, ocupado, transformado” un lugar que, como señalan sus fundadores Nicolás Cabral (editor y escritor) y Josemaría Camacho (escritor y filósofo), “pretende convertirse en propiedad colectiva”.

Casa Tomada –obvia referencia al cuento de Julio Cortázar incluido en Bestiario (1951)–  si bien mantiene el ánimo que ha dado vida a la revista La Tempestad, reflexionar sobre el arte, va un paso más allá y reclama su independencia, y es que como señala Cabral, “creemos que un espacio de estas características debe ser menos dependiente de la imagen y de los contenidos de una publicación en el sentido de poder abarcar más público. Puede haber públicos que no son necesariamente lectores de la revista o que no necesariamente estén buscando cursos con contenidos como los que se publican en La Tempestad”, además de aspirar a que éste “genere sus propias dinámicas como espacio cultural aunque esté asociado a ésta en muchos sentidos. La idea es que tenga su propio programa y sus propias dinámicas”.

El Espacio de Reflexión Estética con el que ya contaba La Tempestad desde 2016, va a ocupar parte de la programación de Casa Tomada pero de forma diferenciada, apunta Cabral, así como también se llevarán a cabo presentaciones editoriales. Todas las actividades compartirán la Casa con una librería de editoriales independientes, “la idea es crear una comunidad entre el público que asiste y gente que tiene experiencia dando cursos, talleres, o que tiene propuestas de algún tipo de contenido, abrirlo a eso”, nos cuenta Camacho.  

Sobre la librería, “la idea es reunir títulos de todas estas editoriales independientes, que muchas veces es difícil encontrar, y juntarlas en un solo espacio. Arrancaremos con una batería de cursos diseñados por nosotros, pero también vamos a tener una convocatoria abierta para cursos, es decir, si alguien llega con la idea de un curso específico se evaluará y se abrirá la posibilidad de integrarlo a la programación de Casa Tomada. Además, no sólo serán cursos sino que también el espacio estará disponible para presentaciones de libros”, precisa también Camacho. La mira se dirige hacia temas más diversos y públicos más amplios no sólo por sus intereses sino también en rango de edad: “no queremos atraer clientes sino habitantes”, se precisa. Hacer de éste “un espacio vivo”.

La propuesta inicial contempla una programación con actividades permanentes, de lunes a sábado, de diversa índole que, de a poco, se darán a conocer por medio de sus redes sociales y otros medios. Algunas de ellas serán, además de las ya mencionadas,  clubes de lectura con selecciones curadas por escritores mexicanos, proyecciones de películas, entre otras. Se tiene prevista su apertura en febrero del siguiente año aunque dentro de poco arrancará un curso de ilustración, esto “para calentar motores”.

“Tomar un recinto y volverlo fuente de cultura es una razón de orgullo”, se lee en la propuesta de estos escritores que destacan de ésta la “búsqueda de autonomía, el alejamiento de los programas institucionales, el poder experimentar con otro tipo de actividades al no estar a merced de las coyunturas políticas o los caprichos de la iniciativa privada. Convertir éste en un lugar para el diálogo donde se formen otras maneras de entender la cultura y las artes, y se cree una comunidad más heterogénea que las que normalmente se producen”, concluye Cabral, a lo que Camacho complementa: “nunca van a sobrar estos espacios”.