Ciencia y revolución: una muestra, analiza el movimiento desde otras perspectivas, un ejercicio que busca romper con la visión política del movimiento para explorar otros procesos que corren en paralelo

Ciudad de México (N22/Alberto Aranda).- “Las bases de la ciencia moderna mexicana están en el Porfiriato, entonces intentamos romper con esa idea de que Porfirio Díaz era un dictador. Había evidentemente descontento en el ámbito político, pero tenía muy claro el desarrollo del país”, declaró Edgar Rojano, curador de la exposición Ciencia y Revolución: una muestra, en relación al anhelo de que México fuera una nación moderna anhelo en el que la ciencia juega un papel importante.

El Observatorio Nacional, la Comisión Geográfica Exploradora y la Atención de la Salud de la Población, fueron algunos de los proyectos científicos que se desarrollaron antes y después de la Revolución Mexicana, para indagar, precisamente, en la relación que se dio entre la ciencia y el movimiento armado es que se presenta una muestra en el Museo Nacional de la Revolución.

“La ciencia, como muchas otras cosas durante la Revolución no desapareció, se siguió cultivando, siguió habiendo investigación y cuando viene la guerra la ciencia fue importante para resolver muchos problemas cotidianos de la lucha armada, entonces la apuesta de esta exposición es conjuntar la práctica de la ciencia con hechos históricos de la Revolución Mexicana”, señala Rojano.

Durante el gobierno de Porfirio Díaz se apoyó el estudio científico lo que sirvió a los gobiernos siguientes en la reconstrucción del país, por ejemplo, de no haber sido por los médicos que se educaron durante el porfiriato, Álvaro Obregón hubiera perdido la vida y no sólo el brazo.

“También está la fotografía de Emiliano Zapata cuando es asesinado en abril de 1910. Lo que hizo Pablo González fue inyectarle cuando llegó el cuerpo a Cuautla. Las crónicas periodísticas no dicen qué le inyectaron, pero debemos suponer que es formol. La cuestión médica era evitar que el cuerpo se descompusiera para que mucha gente lo pudiera ver y corroborara que Emiliano Zapata estaba muerto”, agrega Rojano.  

La exposición Ciencia y Revolución: una muestra coloca a estos personajes en un lugar más acorde a los hechos históricos, “muchos de los personajes que se formaron durante el Porfiriato después tendrán un papel fundamental en el desarrollo de la revolución. Por ejemplo, Pastor Rúa, que es uno de los personajes más cercanos a Carranza, él es ingeniero de formación, pero también hay gente que está del otro lado de la revolución. Está Aureliano Urrutia, es un gran médico, destacado cirujano y no es recordado por ser un gran médico, sino porque se le atribuye haberle cortado la lengua a Belisario Domínguez o Manuel Mondragón, que es un gran militar, que se educó en el Colegio Militar, tiene patentes sobre armamento, escribió libros, tradujo textos y es reconocido por su participación en el golpe de estado del presidente Madero”.

La exposición, que podrá verse hasta noviembre, cuenta con objetos de la Mapoteca Manuel Orozco y Berra, la Comisión Nacional del Agua, la Filmoteca de la UNAM y coleccionistas privados; asimismo de archivos como la Fototeca Nacional, el Archivo Histórico de la UNAM, la Facultad de Química de la UNAM y la Biblioteca Miguel Lerdo de Tejada de la SHCP.