De la horizontalidad del unifamiliar hacia la verticalidad de los condominios, el tema es abordado por la investigadora Lourdes Cruz en este libro publicado por la Facultad de Arquitectura

Ciudad de México (N22/Víctor Gaspar).- ¿Cómo fue la historia de la casa unifamiliar en la Ciudad de México en el siglo XX? ¿Qué ha modificado su concepción, dinámica y estructura? A decir de la investigadora de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, Lourdes Cruz González Franco, han sido las familias más pequeñas, la disponibilidad del espacio, la tecnología, incluida aquella directamente relacionada a la construcción, y hasta la equidad de género, las que la han transformado.

La investigadora señala que “había espacios únicamente masculinos, la biblioteca o espacios solamente femeninos como el costurero, por ejemplo. Llega la influencia del extranjero y se hace el breakfast o desayunador, se adopta, se adapta a la familia numerosa mexicana. A fin de siglo, en las últimas décadas y hasta ahorita, la familia tradicional padre, madre, hijo ha cambiado. Permanece, pero ya se aceptan formas distintas de convivencia: abuela, madre, hija. Parejas del mismo sexo con quizá un hijo o dos.”

Esta es parte de la visión que la investigadora comparte en su libro La casa en la ciudad de México en el siglo XX. Un recorrido por sus espacios, editado por la Facultad de Arquitectura. La gran casa unifamiliar ha sucumbido ante la verticalidad de la urbanización en la Ciudad de México: “el departamento, el condominio, ha ganado un auge inusitado. Vemos diario tirar casas del siglo XX para dar paso a los departamentos. Las casas de la clase más adinerada son muy, muy grandes. Pero las casas cotidianas, digamos clase media, si se hacen mucho más pequeñas, aunque el número de recámaras no se ha reducido. Antes en una recámara que cabían cuatro, tres o dos, y ahora uno de los hilos conductores de esto es que el ser humano en general, los estudiosos, la sociología, han visto que el ser humano tiende cada vez más a la privacidad, hacia la vida privada, disfrutar de su recámara, de su tele cuando se puede.”

Si bien Lourdes Cruz confía en la supervivencia de la casa unifamiliar, también hace mención del retroceso que en materia de vivienda social ha tenido nuestro país y señala que “la calidad de la vivienda social, de la vivienda popular, disminuyó comparativamente a los primeros conjuntos habitacionales que hizo el Estado y cayó muchísimo en manos de las inmobiliarias. Se vio el fracaso que representó todas estas grandes extensiones afuera de la ciudad. Pienso que ahora se está revirtiendo todo eso que pasó, todas esas viviendas, miles y miles de viviendas abandonadas, sin servicios, sin transporte.”