Publicada por Tusquets, Imanol Caneyada habla sobre su nueva novela que entiende el libre albedrío y la marginalidad como vías de fuga de una sociedad encorsetada

Ciudad de México (N22/Víctor Gaspar).- Un hospital en Hermosillo, Sonora, cuenta con un piano en el vestíbulo. Un indigente sucio y desaliñado entra al lugar causando incomodidad y desconfianza entre las personas que ahí se encuentran. Se sienta al piano y comienza a ejecutar la música que habrá de transformar la impresión inicial que ha causado. A partir de esta anécdota, Imanol Caneyada escribe La fiesta de los niños desnudos. La pésima relación de Gregorio, el protagonista, con su padre y la inminente muerte de éste habrá de dar un nuevo giro a la vida de Gregorio.

“La cuestión edípica está presente ahí. El mito de Edipo atraviesa buena parte de la novela, yo diría que incluso es como un motor que desencadena una serie de circunstancias del personaje principal y narrador”, señala Caneyada que continúa “Ooia a su padre, un padre tiránico, un padre despótico que lo ha hecho sufrir durante toda su niñez y adolescencia. Este odio lo lleva a tomar una decisión totalmente edípica: la de querer eliminarlo, la de querer matarlo. A partir de ahí entra en contacto y entra en conocimiento con este individuo, con este marginal, con este indigente, pianista, y lo conoce en el hospital”.  

Pero este viaje que Gregorio inicia hacia el mundo de la indigencia tiene un sesgo que no sólo destaca la pobreza económica, sino como describe el escritor, “por un lado está la indigencia como derivado de determinadas condiciones económicas, de la pobreza. Pero también existe la indigencia como una posibilidad de escaparse de quien es uno, de fugarse de la cárcel de las convenciones sociales y de la personalidad que uno adquiere con los años para encajar en una sociedad que de pronto podría pensarse que se ha vuelto loca”.

Mendigos, vagabundos, en todo caso invisibles para muchos sectores sociales, conforman un universo donde los valores imperantes son subvertidos.

“En esta humanización enfrentamos una serie de demonios que tiene que ver con nosotros mismos, con quienes somos como individuos y como sociedad. Desde la existencia de esta marginalidad invisible hasta la propia sociedad que estamos defendiendo a capa y espada como la única posibilidad. Esta novela creo que también habla un poco de eso, de lo que es el libre albedrío, de realmente desde niños nos dicen que una de nuestras grandes virtudes y características es el libre albedrío y que nosotros elegimos. Realmente ¿hasta dónde elegimos? y realmente ¿qué opciones tenemos más allá de lo que nos está imponiendo un sistema de una forma de vida? ¿Cómo podemos crear otras formas de vida alternas a esa? Es difícil. Entonces la marginalidad de pronto puede ser una respuesta”.