En el bicentenario de su nacimiento recordamos a este activista que como definió Ralph Waldo Emerson: “Eligió, acertadamente por sí mismo, ser un hombre libre en el pensamiento y en la naturaleza”

Ciudad de México (N22/Redacción).- La publicación de la Desobediencia civil, en 1849, de Henry David Thoreau a la luz de la historia ha cobrado “una nueva significación como estrategia ética contra las leyes injustas”, señala Sebastián Pilovsky en el prólogo del libro, que también tradujo del francés, reeditado por Tumbona Ediciones, en 2012. El texto ha sido interpretado en diferentes tiempos por personajes clave de la historia mundial: Gandhi, Tolstoi, Emma Goldman y Martin Buber, entre otros. A poco más de siglo y medio de su publicación, la pregunta de la cual parte, resulta igual de importante y pertinente que en aquellos días: ¿hasta qué punto estamos obligados a obedecer al gobierno cuando sus leyes o medidas nos parecen injustas? y, sobre todo, ¿cuándo se justifica la resistencia?

Hoy que movimientos sociales y de resistencia como la Primavera Árabe, Anonymous, el 15M y Occupy Wall Street, entre otros, se organizan desde las redes sociales y que los cuerpos están frente a la pantalla, relevante es volver a esta obra. Si como señala el Comité Invisible en su más reciente libro, Ahora, “vivimos en un mundo que se ha establecido más allá de toda justificación”, tal vez las reflexiones de Thoreau entorno a esta forma de protesta pacífica a través de la violación de una ley que busca despertar el sentido de la justicia de la mayoría con el objetivo de cambiar dicha ley, siempre en el marco de la ley, podría verse como un gesto naif en esta realidad desbordada, pero  actos como este, de profunda conciencia y de defensa de la libertad de expresión, siempre constituirán una alternativa desafiante frente a la indiferencia.

Thoreau no sólo reflexionó en torno a la conciencia ciudadana y las leyes que rigen la conducta de la sociedad, en Walden, obra que sentó las bases del ensayo moderno, el también poeta, filósofo y fabricante de lápices, elaboró una crítica al “trabajo como adocenamiento y del mercado como único dios”, a partir de su experiencia de dos años dos meses viviendo en una cabaña construida por él mismo a orillas de la laguna de Walden, en Concord, Massachusetts.