La editorial Akal publicó un volumen muy nutrido que revisa las ediciones canónicas del poeta y pone al día la óptima versión de la obra garcilasiana

Ciudad de México (N22/Noé Cárdenas).- En el siglo de Garcilaso de la Vega, el XVI, la poesía castellana se enriqueció gracias a la adopción de modelos provenientes de la poesía renacentista italiana que hicieron posible conseguir el tono más idóneo para expresar una sensibilidad naciente. La obra garcilasiana ha tenido desde siempre gran aceptación y las ediciones de su obra proliferan. Cinco siglos después, contamos con diversas ediciones canónicas y suficientes datos para conocer los diversos modos en los que este poeta canónico ha sido leído. Recientemente apareció Garcilaso de la Vega. Poesía Castellana que, a un tiempo, da cuenta puntual de tales ediciones y ofrece herramientas para el mejor deleite de su obra. En la siguiente entrevista, Ignacio García Aguilar –coeditor de este volumen- ofrece algunos asuntos que se desprenden de este trabajo y que son producto del diálogo y la reflexión que conjuntamente sostuvo con los otros dos responsables de la edición: Julián Jiménez Heffernan y Pedro Ruiz Pérez.

 

¿En qué radicó el éxito que Garcilaso de la Vega tuvo desde las primeras ediciones?

Sus versos ofrecieron el molde apropiado para la expresión de una nueva sensibilidad, la de una clase social emergente que encontraba en el neoplatonismo amoroso y en el tono de melancolía y “dolorido sentir” una imagen ideal de sí misma. De manera confluyente, la política cultural del imperio potenció el valor de la lengua nacional y colocó su realización literaria como una forma de afirmación, que concitó adhesiones y reconocimiento.

Todo esto conformó un caldo de cultivo, pero nada habría florecido sin la capacidad singular de Garcilaso para llevar estas posibilidades a su máxima expresión.

¿Qué debemos entender por éxito canónico?

Tal como hoy se distingue entre éxito de público y de crítica, hay que diferenciar entre la aceptación momentánea por un público amplio (el éxito popular) y la conversión en un referente indiscutible, de valor general y capacidad de atravesar el tiempo (lo que antes se llamaba un clásico). En el caso de Garcilaso, la acogida por los lectores reflejada en el número de ediciones en el siglo XVI no fue sustancialmente distinta de la de otros poetas o narradores hoy relegados a la curiosidad erudita. Fueron otros los hechos diferenciales, como las ediciones comentadas del catedrático de retórica Francisco de las Brozas, el poeta Fernando de Herrera o el erudito Tamayo de Vargas; como la imitación y respeto de los grandes poetas del XVII; su papel de referencia en el debate en torno a la poesía de Góngora; o, ya en el siglo XVIII, su conversión en figura nacional. De ahí, su paso a los manuales e historias literarias, esto es, su integración en el canon aún vigente.

En la edición de un autor considerado clásico, ¿qué retos implica la fijación del texto?

Los problemas no residen en la condición del autor, sino en los de su texto. En este caso, la transmisión de los textos de Garcilaso ha estado llena de problemas de todo tipo, relativos a la distinción entre textos propios y atribuidos, la ordenación del corpus o pasajes concretos de sus poemas. No obstante, hay un consenso bastante generalizado, que no hemos alterado en esta edición, aun sabiendo que no faltan lugares críticos sobre los que aún no se ha dicho la última palabra.

En su revisión de las sucesivas ediciones que ha tenido la obra de Garcilaso destacan, ya en la modernidad, las de Navarro Tomás, Kensinton, Rivers y Morros. ¿De qué modo cumple cada una de ellas con el propósito de acercar la obra de Garcilaso al lector; o se trata de ediciones sólo para el estudio científico de la obra garcilasiana?

Los filólogos mencionados han tenido la sensibilidad y el criterio necesarios para ejercer su labor sin sobrecargar el texto de Garcilaso de material innecesario. Por encima de su rigor crítico siempre queda la superficie del verso de Garcilaso pulida y completamente abierta al lector.

¿Qué ventajas ofrece la edición Garcilaso de la Vega. Poesía Castellana de editorial Akal, tanto para especialistas como para público que busque el mero goce de la lectura?

Hemos procurado en el tratamiento del texto respetar la herencia de los mejores editores que nos precedieron, lo que garantiza un elevado grado de solvencia, debida en gran parte a sus aportaciones. En la anotación hemos buscado abrir otras vías de lectura e interpretación, sobre todo revisando la relación de Garcilaso con poetas italianos antecedentes de Petrarca; y la solución gráfica elegida permite que el lector las encuentra con claridad, pero sin estorbar la lectura del texto, ofrecido en toda su limpieza. Finalmente, en la introducción se ha procurado renovar la visión crítica de Garcilaso, proponiendo una lectura que se aparta un tanto de las más habituales.

La transmisión de la obra de un autor de la talla de Garcilaso es lo más importante y la red ofrece un acceso inmediato. ¿Qué caminos sugiere para contar con un equilibrio entre ediciones bien cuidadas y la proliferación de su obra en la red (que recuerda la proliferación de copias manuscritas en el siglo del poeta)?

La comparación con los manuscritos es adecuada, por lo que el reto es poner en circulación textos fiables, para que las copias que de ellos se hagan resulten lo más ajustadas posibles a ese difícil equilibrio entre la voluntad del autor, canalizada en códigos formales y materiales de hace cinco siglos, y las necesidades de un lector actual, con sus propios códigos y sus usos de la tecnología. Un soneto correctamente editado no pierde valor por pasar de la página impresa a un blog en la red. Es más, lo gana, al acceder a un público mucho más amplio y variado. La única condición es la señalada: que esté correctamente editado.

Garcilaso de la Vega. Poesía Castellana, Edición de Julián Jiménez Heffernan e Ignacio García Aguilar, estudio preliminar de Pedro Ruiz Pérez. Akal, Vía Láctea 10, España, 2017, 494 pp.