“El futuro nos alcanzó”, partiendo de esta premisa el Abierto Mexicano de Diseño reflexionará, en su quinta edición, en octubre, sobre la disciplina y sus compromisos a ¿futuro?

Imagen: Pabellón cultural migrante, por TUUX. Cortesía AMD

Ciudad de México (N22/Ana León).- Hace un par de años un grupo de 21 científicos dio a conocer en la revista Nature que los cambios climáticos, la destrucción de la Tierra y el crecimiento poblacional nos conducen hacia un punto de inflexión: la biología actual de la Tierra cambiará totalmente. El cambio será tan grave como la última glaciación. ¿Estamos al borde de una catástrofe global? En este contexto el diseño como disciplina ha mutado, ya no sólo se trata de la producción de objetos (útiles o de deseo) sino también de pensamiento crítico: diseño ambiental, diseño responsable, diseño sustentable. En este contexto se inserta el tema abordado por el Abierto Mexicano de Diseño en su quinta edición: Diseñar desde un presente extremo, que convoca a diseñadores y despachos a participar con propuestas inéditas (no necesariamente relacionadas con el tema) y organiza un Foro Abierto para discutir sobre el panorama global y las formas en las que debe responder la disciplina más allá de soluciones temporales, centradas, completamente, en el tema propuesto. Se vaticina un futuro en el que el agua, el petróleo y la comida serán difíciles de encontrar, ¿cómo diseñar para ese futuro?, ¿cómo diseñar para este presente? Agencia N22 charló con la directora del AMD, Renata Becerril.

Qué significa diseñar desde un presente extremo?

Significa entender nuestro contexto. En estas circunstancias, utilizar al diseño como la herramienta que es: una herramienta visualizadora del futuro. El diseño siempre está pensando en lo que viene y en lo que tiene que ser. Entonces es, desde el contexto, cómo pensar en un futuro ideal, en un futuro mejor, pero también entendiendo que el futuro no es una cosa que va a suceder de manera paulatina sino el futuro está sucediendo ahora. El presente extremo habla de la aceleración. Es pensar que cualquier cosa que hacemos ahora va a tener un efecto inmediato.

Cuando esta visión de futuro se reduce cada vez más, retomando esta idea de que vivimos en un presente embriagado de presente, ¿cómo diseñar para el futuro y para qué clase de futuro se está diseñando?

El tema, y un poco la discusión, surge a partir de pensar que no necesariamente el diseño tiene que seguir diseñando objetos útiles. Ya no necesitamos otra silla, ya no necesitamos otros cubiertos, ya está diseñado. Es más bien entrar en la discusión de otras maneras de diseñar: se diseñan políticas públicas, se diseña pensamiento, se diseña críticamente cosas, entonces enfocarnos más en esa discusión y en descubrir qué es lo que desde México se está haciendo en relación al pensamiento crítico del diseño, pero no necesariamente del mundo material, sino también del mundo de las ideas, del ambiente, de cosas que son un poco más intangibles.

Imagen izquierda: La Miradora, Estudio Archetonic; derecha: Instalación GT2P, Great Things 2 People / Cortesía AMD

De alguna manera si se piensa diseñar en un presente extremo ¿podría decirse o se asume que tal vez ya no haya un futuro?, ¿podría ser una visión un poco apocalíptica?

Sí. El libro en el que nos basamos para encontrar el término se llama The Age Of Earthquakes. A guide to Extreme Present (2015), un libro que escriben un curador, Hans Ulrich Obrist; un artista, Douglas Coupland, quien fue el que acuñó el término Generación X; y Shumon Basar, que es un crítico y curador de arquitectura. Lo que dicen es que el futuro ya nos alcanzó, que el futuro es ahora. Y sí, esta idea de pensar que el futuro es hoy, significa entender históricamente o en términos macro, la compresión del tiempo y habla mucho de esto, de la aceleración de la aceleración. Y también entender cómo en la era tecnológica estas brechas, de cualquier tipo, se acortan. Es pensar que lo que visualizábamos como futuro en realidad es un presente que estamos viviendo.

¿Cuál es la lógica del AMD 2017 en relación al tema que que abordan, cómo se organiza?

Primero una cosa que hemos definido es que participar en el festival no necesariamente significa alinearte con el tema y proponer cosas que signifiquen hacia éste, porque entendemos nuestro contexto y entendemos que la producción de todos los creativos en México, al menos de las disciplinas de diseño, está condicionado a un montón de cosas, sobre todo económicas, entonces ponerlos a desarrollar una cosa extra sólo para enseñar en el festival tiene ciertas implicaciones que igual no podrían asumirlas. Hay un espacio para los que siguen haciendo las cosas que siguen haciendo. Sin embargo, sí hay muchos que están tomando el tema como una manera de generar otras propuestas porque entienden el potencial del festival de enseñar el diseño desde su lado más cultural, más crítico, no es una feria comercial. Hay muchas posibilidades de hacer instalaciones más “artísticas” que no necesariamente son mostrar un objeto de manera mercadológica. Hay muchos que lo están tomando para hacer una reflexión y para hacer propuestas. Y hay otros que lo están llevando más allá, como algunos despachos de diseño que están dedicados ya a hacer diseño crítico o diseño en un término que se llama “diseño centrado en las personas” como para usarlo de manera reflexiva.

El festival por primera vez en este año va a hacer un foro de conferencias que se llama Foro Abierto que es teórico o de discusión más académica sobre el tema. Vamos a traer especialistas; esto es la parte que el festival aporta a la edición.

¿No es el diseño mismo una disciplina que de alguna manera condiciona las dinámicas sociales del futuro y después las critica?

El diseño entendido en su acepción tradicional es la creación de objetos materiales y de cosas visuales que nos ayudan a vivir en el mundo, son las herramientas con las que nos comunicamos con el mundo o con las personas. La ropa que usamos, los libros que leemos. Absolutamente todo nuestro entorno está diseñado. Es un círculo en el que se genera, se prueba, se critica y después se vuelve a generar. Y, en ese sentido, hay muchos filósofos que han escrito sobre eso, por ejemplo Walter Benjamin, tiene un ensayo que se llama El autor como productor (1966), que es esto que dices, uno tiene las herramientas para crear, pero al mismo tiempo después esas interacciones generan condiciones que uno mismo puede criticar y con el diseño pasa lo mismo.

Imagen: Ignacio Cadena y Héctor Esrawe, Mi Casa. Your Casa. Cortesía AMD

¿Me podrías hablar sobre el nombramiento de la Ciudad de México como Ciudad Creativa del Diseño 2018, que actualmente se está buscando?

Desde el 2014, junto con el festival y el gobierno de la ciudad, estamos buscando la nominación de la Ciudad de México como Ciudad Creativa del Diseño que otorga la Unesco. Cada dos años la Unesco nombra a estas ciudades, pero se tiene que hacer un estudio muy concienzudo, desde el gobierno, sobre disciplinas creativas. Ese estudio se presenta con la candidatura (se presentó el 15 de junio) y el nombramiento es para el 2018.

Nosotros como festival lo que hicimos es que en 2014 buscamos a la Unesco y al gobierno de la ciudad y les dijimos que existía esta posibilidad, y estuvimos trabajando mucho e inclusive como para cerrar este acuerdo de colaboración, el Abierto apoyó a la Unesco con la traducción del Informe de las Industrias Creativas de 2013, sólo existía en inglés. El Abierto lo editó, lo imprimimos y lo lanzamos en 2014 durante esa edición.

Esta nominación ¿qué implica?

Lo que implica, o lo que significa, es que se demuestra que hay una escena importante en las disciplinas de diseño y que esta escena además está impulsada desde la sociedad civil e iniciativas que están sucediendo a nivel ciudad y que están acercando estas disciplinas a la sociedad. El análisis que se presenta a la Unesco es un estudio de indicadores de que esto es cierto.

Si todo nuestro entorno está diseñado, ¿cómo convive este nombramientos con una ciudad en donde el diseño urbano, por ejemplo, responde a intereses políticos y económicos; o que es deficiente en su sistema de transporte, si lo que se destaca precisamente es el buen diseño, a nivel global?

Yo creo que ahí es donde se suma la sociedad civil a nivel de políticas públicas. Por ejemplo nuestro festival es una iniciativa ciudadana, somos quince consejeros y socios, y si bien recibimos cierto apoyo económico –muy poco– del gobierno y también de iniciativa privada, es una cosa que se hace desde el gremio, de la sociedad para la sociedad, además de lo hecho por instituciones académicas y todo eso suma. Y todo eso se vuelve, a veces, más relevante que lo que el propio gobierno aporta a la sociedad.

¿Cuál es el compromiso social del Abierto Mexicano de Diseño y del diseño como disciplina?

La misión fundamental del festival, desde su inicio, es acercar el diseño a la sociedad, la razón del por qué esto nos parece relevante es porque en la medida que nosotros logremos que el público más amplio entienda y pueda cuestionar su contexto material y visual, puede responder mejor a él, que lo entienda. El diseño mismo utiliza herramientas para decirle al mundo ‘este sería un mejor camino’.

¿El diseño es accesible a todos? Y en este sentido de promover un consumo razonado y local, está también el hecho de que la decisión tiene mucho que ver con el presupuesto, ¿cómo lograr que la gente, fuera del gremio de diseñadores y del público de nicho, consuma local cuando hay una diferencia abismal en los precios?

Es una reflexión que no hago yo, que hace Emiliano Godoy que es socio y consejero del Festival y uno de los diseñadores mexicanos más reconocidos. Emiliano que ha estado muy preocupado por entender económicamente qué sucede con el diseño en México y cómo hace diseño sustentable no sólo en términos ecológicos sino también en términos económicos, el dice: el problema es un problema macroeconómico, la economía mexicana es competitiva internacionalmente por su mano de obra barata porque somos un país maquilador, eso significa que el país mismo genera una sociedad con capacidad adquisitiva baja para que a lo que accedan es a ser mano de obra barata. Eso significa que si capacidad adquisitiva es baja, los métodos de producción son muy caros porque no hay industria, no hay manera de producir en serie y barato. Hay un desbalance. El objeto vale eso porque el diseñador es todos las etapas de la cadena productiva en una sola: creador productor, mercadólogo, administrador, hace sus redes sociales, es todo, y en México esto encarece mucho el producto. No es que el diseño sea elitista, no es su naturaleza, pero la manera en que se produce en México por una cuestión macroeconómica hace que exista esta disparidad entre lo que se vende y la capacidad adquisitiva. Cerrar esta brecha es muy complicado porque tiene que venir desde arriba. Es un proceso de concientización de los dos lados y que la industria le apueste por hacer cosas diseñadas y el valor agregado que el diseño suma y que los consumidores mexicanos tratemos de consumir local.

Del 18 al 22 de octubre sucederán alrededor de 200 eventos. Despachos y diseñadores tienen hasta el 7 de julio para enviar sus propuestas, pues en esta fecha vence la convocatoria. Todos los eventos son de entrada libre a menos que el museo cobre el acceso y se desarrollarán alrededor de la Alameda, en sedes como: el Museo Franz Mayer, el MUNAE, el Palacio Postal, el MUNAL, el Museo Memoria y Tolerancia, Barrio Alameda, Arte Alameda (probablemente), la propia Alameda y el Museo de las Constituciones, además de San Ildefonso.

Paralelo al AMD, éste, junto a Mutek y Atalaya (el brazo comercial de La lonja MX), crearon una propuesta llamada Frente Octubre, que si bien no se ha lanzado de manera formal, busca lograr “como bloque” salir, nacional e internacionalmente, a promover diferentes eventos de interés cultural durante el mes de octubre en la Ciudad de México y así generar turismo cultural en ésta a través, sobre todo, del diseño, las artes digitales y la música.