Charlamos con el escritor mexicano, nacido en Texas, sobre su novela más reciente con la que pone fin a esa búsqueda por el origen iniciada en La piel muerta

Ciudad de México (N22/Ana León).- La de David Miklos (San Antonio, Texas, 1970) es una prosa precisa, concentrada. Una narración que ofrece lo necesario para crear imágenes y atmósferas que no precisan de descripciones exhaustivas. El escritor nos lleva por una serie de instantáneas que se suceden unas a otras con casi imperceptibles saltos cronológicos. El tiempo narrativo, su principal personaje, se materializa en el cuerpo (masculino y femenino), sus síntomas, su transformación e incluso, su desaparición, así como en la voz de sus personajes. En este caso, la de un hombre cuya memoria es activada por un accidente aéreo que se anuncia en “la primera plana de un periódico en línea, la desaparición de un avión en el mar, en otro hemisferio, a más de mediodía de husos horarios de distancia”. Y es ahí, en ese despertar de los recuerdos, cuando la mente del protagonista viaja hacia otro accidente aéreo en el que murió su amor platónico de infancia, donde inicia la última parada de esta búsqueda temática, iniciada con La piel muerta (2005) (primera novela de Miklos): La pampa imposible, novela publicada por Literatura Random House.

Éste “es un libro que se cuela dialogando con los anteriores, es como el revés, el lado más luminoso de La piel muerta, porque hay personajes que aparecen ahí, hay escenarios compartidos y creo que sí, es el final de una búsqueda temática a través de una voz narrativa. Me gusta pensarla como una banda de Moebius que va mostrando una de las caras y de repente, en el doblez, se va a la otra cara, y La pampa imposible es la cara más iluminada y más accesible de La piel muerta que es una novela críptica en la que el personaje es la voz que va llevando el relato y aquí no, aquí el personaje es uno, es el protagonista que cuenta su presente y dos momentos del pasado y en realidad lo que quiere hacer es que el tiempo funcione de manera simultánea: esos dos momentos del pasado con su momento presente, entonces trasladé el protagonismo al tiempo narrativo”, precisó el autor.

Basada en un hecho real y parte de la biografía del autor, el accidente aéreo en el que muere una amiga de la infancia y uno de los personajes femeninos protagonistas de la historia, La pampa imposible aborda las relaciones familiares, de amistad y de pareja, que permiten al autor hacer que su protagonista transite por dos momentos de su pasado: los veranos familiares en la pampa y la infancia tardía en Montebello. De manera simultánea, éste, desde el tiempo presente, aguardará la aparición de la caja negra del avión desaparecido que ha provocado ese viaje al interior. En este sentido, el escritor elabora una metáfora entre ésta y la memoria, en esta búsqueda del origen, tema principal de la novela.

En esta búsqueda, los personajes femeninos juegan un papel fundamental, aunque no sólo en esta novela sino en toda la obra del escritor que, como él mismo lo señala, todas sus novelas “giran alrededor de lo femenino como algo mucho más grande y más inasible que lo masculino que es algo muy concreto y muy evidente e incluso muy tedioso, esos personajes que sólo funcionan si lo femenino está ahí, azuzándolos o bien quitándoles la luz o dándoles la luz, literalmente […] El cuerpo femenino en lo que yo escribo tiene un dominio sobre lo masculino, es determinante para entender esa construcción. Es un personaje (el cuerpo femenino), es como el álter ego de esa voz que habla (masculina). Es la caja de resonancia de esa voz. Y el cuerpo entendido incluso más allá de su memoria, de su emoción […] La narración existe porque está ahí lo femenino”.

La voz masculina que narra lo hace desde un momento de no pertenencia, desde cierta distancia de su entorno y de sí mismo, “como si fueran objetos”, precisa Miklos, “la voz es un objeto, el cuerpo es otro objeto, el protagonista es otro objeto. Hay un desprendimiento, están esas voces que narran un yo, pero son como objetos. Y eso le pasa un poco a esos personajes, están como desprendidos. Son personajes que no están sucediendo al mismo tiempo que su tiempo justo porque están siendo llamados por un pasado y reclamados por ese pasado para entender”.

La novela, que mezcla la historia familiar con la historia fraternal y con la vida en pareja, a través de la voz del padre del protagonista hace referencia a lo largo de la historia a un “no lugar”, a una “ninguna parte”, a una “patria chica”, que en una primera lectura podría arroja una idea de exilio, pero que en una segunda, hace referencia al lugar desde el que se escribe, “como una abstracción […] y la escritura es eso, un no lugar, está depositada en muchas plataformas, desde esta cosa amorfa que es la pantalla hasta el libro que es algo sólido, como una extensión del cuerpo. Pero la escritura en sí, desligada de sus plataformas, es esa “ninguna parte”. Ese es el juego metafórico”.

Actualmente, David Miklos trabaja en otro proyecto que tiene que ver con su línea de investigación en el CIDE (Centro de Investigación y Docencia Económicas): historia y literatura, y en una novela distópica sobre México.